Páginas vistas en total

sábado, 17 de febrero de 2018

CINE: EL HILO INVISIBLE de Paul Thomas Anderson

USA 2017
Daniel Day Lewis. Vicky Krieps. Lesley Manville. Richard Graham. Bern Collaco. Jane Perry. Camilla Rutherford. Pip Phillips. Dave Simon. Ingrid Sophie Schram. Gina Mcknee

Recuerdo hace unos años una conversación con una amiga mía sobre si el análisis válido de una película es el que hacemos inmediatamente después de verla o el que puede surgir tras reflexiones posteriores.
Creo que es importante, para que la valoración sea personal ( mi defensa habitual de lo subjetivo ), lo inmediato, pero no es único, las grandes obras permanecen y van desarrollándose interiormente mucho tiempo después. No sólo eso, sino que algunas, requieren para su comprensión una actitud activa y posterior.
Me gustan esas obras. No por eso debemos renunciar al mero entretenimiento. Pero me gusta establecer un diálogo con el autor.
El Hilo Invisible es una de esas obras, sin duda.
Es difícil no tener una opinión durante su desarrollo pero sobre todo, es difícil no reaccionar con desconcierto y la necesidad de reflexión ante su final, sorprendente final.
Paul Thomas Anderson, es un director capaz de grandes obras, en tamaño y categoría, piezas ambiciosas y sobre todo muy personales, que nunca dejan indiferente. Para mi uno de lo actuales genios del séptimo arte.
En El Hilo Invisible, hasta llegar a ese final, citado, ya nos lleva a navegar por una historia compleja disfrazada:
El protagonista principal es un modista de éxito en la capital inglesa. Un creador, sin duda atormentado al que sostiene la fidelidad de su hermana. Su encuentro con una nueva musa, posíblemente con una estructura interior igual de compleja, abrirá la puerta a la posibilidad de desestabilizar la tan aparentemente sólida estructura.
Cuando digo que la narrativa de la película, la forma de mostrarla, está disfrazada, me refiero a dos aspectos.
El primero, el de contenido/ referencias. Está claro que Hitchcock aparece como mentor en muchas escenas y códigos de El Hilo Invisible. Tanto estéticas como psicológicas. Y sin embargo, a medida que se desarrolla la trama, lo importante es que todo se pervierte, se transmutan las referencias y nos sorprenden giros no previstos. No quiero avanzar sobre este punto porque caería en el spoiler. De todos modos, el director consigue, como lo conseguía antes el genio del suspense, que una tensión más incómoda por desconocida, habite las escenas cotidianas en principio más comunes y menos amenazantes.
El segundo disfraz es el de la ligereza.
Con lentitud y meticulosidad, con una precisión visual al detalle y una dirección artística sobria y perfecta, la cinta va fluyendo con serenidad, sin desajustes, en un constante equilibrio donde no existen los exabruptos. Parece fácil crearla y parece fácil percibirla. Y sin embargo, no puedo explicar muy bien las razones, tengo la constante sensación de que durante estas dos horas hay una corriente subterranea que recorre todo lo que está aparentemente ocurriendo en pantalla y que remite a la generación de tensión que citaba en el párrafo anterior.
El final, ese final del que antes ya he hablado y sobre el que no quiero dar ninguna pista, nos demuestra que así era y viene para decirnos que tenemos que hacer una relectura de lo que acabamos de ver. A raíz de ese final, y posiblemente esta sea una de las opciones más arriesgadas que hemos visto últimamente en una película, todo lo que creíamos haber comprendido, cobra una dimensión diferente.
El contraste es más brutal, más inesperado, por el clasicismo de la factura, que parece derrepente roto.
De nosotros depende, y exige esto una actitud decisiva por nuestra parte, aceptarlo e intentar encajar de nuevo las piezas, buscando una riqueza imprevista, o sentirnos engañados. Personalmente no puedo negar el desconcierto que me produjo pero me quedo con la primera opción.
El Hilo Invisible es un regalo complejo que podemos abrir o no, y que una vez que lo hacemos nos permitirá múltiples interpretaciones, desde la historia de amor a la metáfora.
Pero también podemos quedarnos en la superficie, y entonces tendremos una película bellísima, elegante, hermosa, con una banda sonora a disfrutar con los ojos cerrados y un empaque visual para disfrutar con los ojos muy abiertos. Eso en el peor de los casos, y ya es mucho.

Público 

CINE: LA FORMA DEL AGUA de Guillermo del Toro

USA 2017
Sally Hawkins. Doug Jones. Michael Shannon. Octavia Spencer. Richard Jenkins. Michael Sttuhlbarg. Lauren Lee Smith. David Hewlett. Nick Searcy. Morgan Kelly. Drue Viergever. Maxine Grossman. Amanda Smith. Cyndy Day. Dave Reachill

Todas las películas de Guillermo del Toro se mueven en una ciencia ficción muy cercana a lo infantil, al cuento, no tanto por lo que narran como por lo que exige, por la posición en la que coloca a su público.
Para disfrutarlo, hay que creer en vampiros y en faunos, aterrorizarse en los túneles abandonados del metro, soñar con el amor incondicional entre diferentes especies.... no avergonzarse de gozar de la ingenuidad y la inocencia, reconocer que cuando decidimos creer y dar así un paso atrás en nuestra experiencia, nos encontramos en muchas ocasiones con algo tan gratificante como la ternura.
Fiel a sus principios, a lo que quiere contar, ha sido capaz de conseguir un equilibrio entre el cine de autor y los grandes estudios. Algo tan reconocible como en general la solidez de su carrera, por supuesto con algunos productos mejores que otros, pero siempre con una firma singular.
Me gustaría comparar en este sentido La Forma del Agua con su muy aclamada El Laberinto del Fauno. Esta última pareció marcar un nuevo camino en el género, siendo reconocida en la media de Metacritics con la puntuación más elevada de ese año. Por mi parte le reconozco sorpresa y creatividad, ritmo y magia, sin embargo, debería de volverla a ver porque la sensación que tengo es que el realismo en el paisaje guerracivilista no terminaba de encajar con el cuento mágico, con lo que, la estructura para montar las piezas era demasiado perfecta y personalmente la encontraba un tanto artificial.
Ese problema no está en La Forma del Agua.
Aquí, todo fluye. Y creo que, en gran parte, es gracias al cine.
El cine, y no la historia ( como en el otro caso ) es la base donde se dibuja este romance triste que viven esta chica muda y el monstruo marino. El cine, y no sólo me refiero al homenaje implícito en la ubicación de la vivienda de la protagonista o las revisiones de clásicos en blanco y negro, me refiero al cine como referencia argumental, porque es del cine, de historias de siempre en celuloide, de donde salen los perfiles de los espías rusos, el misterioso laboratorio, el malo malo malo o el mismo anfibio.
Y de un cine que se ama.
De un cine en que, seguro, su autor se sumergía en su infancia  que ahora recupera con gozo.
Hace unos días, escribiendo sobre Los Papeles del Pentágono hablaba de la falta de complejos de su director. Pues bien, es algo que se repite aquí con Guillermo del Toro: la película, desde el minuto uno, se conforma como un artefacto encantador, delicioso, rozando abiertamente la cursilería, con una ambientación sonora propia de esos musicales que rememora y una fotografía colorista, naif,  que remite a Amelie ( de quien tampoco está muy lejos la protagonista).
Pues bien, no sé si valdrá para todos, pero a mi me atrapa desde el minuto uno, me arrellano en la butaca con una sonrisa, me enamoro de esta chica que podía ser infeliz pero no lo es, le deseo el amor y me alegro cuando lo recibe, sueño en sus sueños y cambio de gesto, escupo, cuando aparece el malo malo malo.
Percibo la magia que existe en toda la narración, que enmarca esos precisos decorados de casa de muñecas y que en algunas escenas hace eclosión llenándolo todo.
La Forma del Agua es, si la aceptamos como tal, una película terapeútica.
A mi me acaricia el corazón en su belleza y en su ternura.
Y por supuesto, todos lo cuentos tienen una moraleja, y el de este no puede ser más claro y más bonito, habla del amor pero sobre todo de la aceptación de la diferencia, de que lo que importa es, debe de ser, siempre, el interior, por que en aquello que nos causa rechazo puede estar escondido bada menos que un dios, y, en cualquier caso, un precioso ser humano.

Público

SERIE: LA CASA DE LAS MINIATURAS de Guillem Morales

Uk. 2017
Director.-
Guillem Morales
Intérpretes.-
Anya Taylor Joy. Romola Garai. Alex Hassel. Lara Bond. Lucas Bond. Ziggy Heath. Sally Messham. Hayley Squires. Jack Brady. Emily Berrington. Paapa Essiedu
BBC
Duración.-
3 capítulos
50`c.u.
Basada en la novela de Jessie Burton
Disponible en Filmin

La Casa de las Miniaturas ( novela ) fue uno de esos best sellers históricos que últimamente abundan tanto, si bien, eso sí, con cotas importantes de calidad literaria y arqueológica y sobre todo con un objetivo narrativo muy interesante: romper la historia, o más bien, la visión histórica de una época.
Hablamos de Amsterdan y hablamos del siglo XVII.
Una muchacha procedente de una familia rural empobrecida, se desplaza a la capital para afrontar un matrimonio con un rico comerciante a quien apenas conoce pero que librará a los suyos de la ruina.
Al llegar se encontrará en la capital de un país prospero y una ciudad ordenada y discreta, poblada por una raza de mercaderes a los que se podía reconocer un capitalismo internacional incipiente. Una sociedad de una moralidad en apariencia intachable y sostenida por el esfuerzo. También un conjunto de normas rígidas en una casa austera, que no tarda en adoptar la apariencia de una cárcel.
Pues bien, como ocurre con las familias perfectas, también las sociedades perfectas tienen mucho de fachada.
Esta novela nos hablaba de los secretos que se escondían detrás de las paredes, de aquellos misterios que no lo serían si se hubiese decidido vivir en la sinceridad. Pero tal vez secretos no sea la palabra adecuada, porque hablamos de aquello que todos conocen pero deciden dejar a un lado para utilizarlo como arma cuando sea necesario.
También nos habla de la realidad detrás de esas ansias de descubrir mundo, de conquistar comercialmente parajes ignotos, esa realidad está muy cercana a la avaricia y a la necesidad de poder, sólo por el poder.
Y por último, está la posición de la mujer, minimizada fuese cual fuese su capacidad intelectual. Aceptada por la mayoría.
Como digo, La Casa de las Miniaturas tenía la capacidad de dinamitar estos tres principios, eso sí, con la aceptación de un nivel de misterio, de ciencia ficción, de magia. Con la aceptación de no buscar explicaciones a cambio de generar una atmósfera cercana al thriller que nos agarra desde la aparición de lo extraño.
Recuerdo que en la lectura de la novela, esa falta de explicaciones me produjo cierta frustración, aunque no por ello, deje de reconocer lo que la había disfrutado.
A la serie, no se le puede pedir que vaya más allá de la novela, eso está claro.
Lo que sí se le puede  pedir, y lo cumple, es una producción capaz de trasladar el ambiente de la época y sus escenarios, algo que lleva a cabo con rigor, belleza y preciosismo. Caminamos por sus calles, nos detenemos en los rincones y, sobre todo, habitamos el interior sólido y pesado de esas casas en las que las cortinas se abrían con el único objetivo de impedir las elucubraciones negativas, de dejar que desde fueran sintiesen que podían asomarse a unas vidas transparentes, pero lo importante no era que entrase la luz.
También se le pide, por supuesto, un guion capaz de generar una estructura narrativa en crescendo donde lo inexplicable encaje sin demasiadas preguntas  y donde sus personajes se presenten como entidades completas con un mundo interior que otorgue el nivel necesario de misterio y frustración. También lo consigue.
La Casa de las Miniaturas, serie, es didáctica, apasionante, hermosa.
Cabe por supuesto la duda de hasta que punto es aceptable jugar a no dar explicaciones, utilizando mecanismos narrativos artificiales y , en este sentido, susceptibles de manipular. Pero como he dicho, no podemos pedir a la serie algo que no se ha pedido a la novela.
Mientras tanto disfrutemos, porque hay mucho que disfrutar en esta propuesta que, una vez más, conocemos gracias a Filmin.

Público

jueves, 15 de febrero de 2018

SERIE TV: DETECTIVE MUNCIE ( IN PLAIN SIGHT ) de John Strickland

UK 2016
Director.-
John Strickland
Intérpretes.-
Martin Compson. Gilly Gilchrist. Jack Greenles. Sorcha Grondsell. Douglas Hemshall. Alana McDowell. Kate McLauglin. Bobby Rainsbury. Joanna Roth. Joanne Thomson. James Harckness. Shauna McDonald
BBC
Duración.-
3 capítulos
45' C.U.
Disponible en Filmin.

Filmin continua ofreciéndonos miniseries británicas que difícilmente accederían a canales saturados de producciones de mayor ambición ( no por ello mejores ). Son productos personales, marcados por la buena factura y, en la mayoría de los casos, capaces de trasladarnos diferentes etapas de la historia de su país.
Importantes como productos televisivos; no en vano, fue desde ahí desde donde en su día llegaron producciones que nos llevaron a otra forma de consumo seriado ( estoy pensando en Arriba y Abajo o Retorno a Brisehead frente a , por ejemplo, Dallas ).
En este caso, Detective Muncie nos acerca al caso del primer asesino en serie de las islas, un personaje lastrado por la psicopatía, criminal depredador, carente de empatía y de cualquier asomo de respeto hacia otros seres humanos. En tres capítulos breves, palpamos la atmósfera de la pequeña comunidad a la que consiguió aterrar y su juego cruel con el detective que se obsesiono con su captura. Una muestra coral y minuciosa, perfecta tanto en los detalles externos cono en los íntimos que sirven para dibujar con precisión cada personaje.
Una vez más, resaltar la buena factura que ya citaba en el párrafo inicial, nunca ausente en las producciones de la BBC. Pero también el hecho de la singularidad: ninguna de las propuestas que hemos disfrutado en los últimos tiempos carece de personalidad, de una textura adecuada a la historia que nos narran . El estilo, una vez más, está totalmente al servicio de la historia y eso hace que cada producción sea diferente.
En este caso, hay que destacar dos aspectos:
Una, su oscuridad , acorde totalmente con la crueldad de los sucesos narrados, con esa mezcla pastosa que se produce cuando se funden tristeza y miedo. Es una sensación que se alcanza en la bella y densa fotografía y en esa cobertura casi neblinosa de las imágenes. También en el movimiento pausado y en esa coreografía de movimientos que no deja de acercarse al sueño, más bien a la pesadilla. Eso si, con un pudor que evita cualquier truculencia. No hace falta mostrar. De hecho creo que lo más aterrador en Detective Muncie es la mirada del asesino.
En segundo lugar, creo que lo que convierte esta serie en muy eficaz, es su control de la elipsis, la selección. Es breve, es contundente, no sobra ni falta una sola frase, ni una línea, ni un fotograma.
Detective Muncie es muy clásica en apariencia.
Podría haber sido rodada en el momento en que se produjeron los hechos. No ya por su configuración estética, sino porque es también capaz de transmitirnos lo que se sintió entonces.
Pero no antigua. Es una fantástica muestra, una vez más, del género televisivo. Apasionante visual e intelectualmente.

Público 

sábado, 10 de febrero de 2018

CINE: CALL ME BY YOUR NAME de Luca Guagagnino

Italia 2017
Timothee Chalamet. Armie Hammer. Michael Stuhlbarg. Amira Casar. Victorie Du Bois. Esther Garrel.

El guion de esta película, procedente al parecer de una famosa novela, es de James Ivory.
Este director británico, dirigió en el 87 Maurice. Tras el éxito de sus adaptaciones de E.M.Foster ( en especial Una Habitación con Vistas ), afrontaba una novela menos conocida en la que el escritor hablaba de su homosexualidad.
La trama en ese caso, se centraba en la hipocresía con que la sociedad victoriana obligaba a vivir esas pasiones prohibidas.
Ha pasado mucho tiempo desde Maurice a Call me by your name, y las cosas han cambiado mucho.
Hace unos años, ya fue nominada al Oscar a la Mejor Película una cinta con esta temática, Broadback Montain. Esta película italiana repite la hazaña.
Posiblemente, quepa la duda del peso que en esos reconocimientos tiene el hecho de la discriminación positiva inconsciente. Posiblemente algo. En cualquier caso ambas son buenas obras y creo que sería injusto y negativo etiquetarlas ( y consecuentemente encorsetarlas ) como referentes gays.
Como decía antes, muchas cosas han cambiado desde Maurice. Seguramente muchas cosas que a James Ivory y a E.M.Foster les habría gustado vivir. Ahora, consecuentemente, la presión no es exterior, sino interior. El conflicto está en conseguir entender lo que le está ocurriendo, por parte de uno de los protagonistas, y de aceptarlo, por parte del otro.
Lo cierto es que el desarrollo de esta historia, sería trasladable casi sin modificaciones, a un primer amor heterosexual de verano.
Me quedo, y me gusta mucho, la primera parte de la película, la que traslada la sensualidad de la campiña italiana, de la juventud, de la libertad y el respeto, de las palabras y los descubrimientos. La herencia de esa civilización que está presente desde los títulos de crédito a través de hermosas esculturas y que ha dejado como legado su aceptado hedonismo. Pocas veces se había sentido tan bien en una pantalla el espíritu del verano, su textura, su olor y su luz. El director sin duda lo consigue con una hermosa fotografía y una bellísima música, pero sobre todo con una caligrafía que traslada el protagonismo a la naturaleza, a los vacíos de esa casa, a los objetos que acompañan... colocándonos en un nivel pausado y contemplativo, nos llegamos a sentir empapados en ese ambiente intelectualmente lúdico.
Una vez que se conforma la historia de amor, me parece que se normaliza la narración , se vuelve más convencional,  algo que por otro lado no tiene nada de negativo.
Tal vez en esta parte, me habría gustado acercarme al interior del muchacho americano para descubrir hasta que punto se siente atrapado por la atmósfera mediterranea, cual es su nivel de desconcierto y de huida, pero eso habría sido otra historia.
Al final hay una lúcida lección sobre como vivir la vida, sobre como atesorar esos momentos inolvidables aceptando que su grandeza está en que no sean eternos, que hay que guardarlos con su dolor incluido, que hay que aceptar su lejanía para no perderlos. Un mensaje que enternece en los labios de un padre.
Y un adiós, y unos ojos con lágrimas pero de una  hermosa tristeza.
Call me by your name es diferente, ligera en apariencia, densa. Es larga, es tranquila, se toma su tiempo para contar.
Creo que su temática ha llevado a que se sobrevalore un poco, pero sin duda es una de las cintas importantes de este año.
Y que las cosas hayan cambiado está bien, muy bien.
De Maurice a Call me by your name, largo viaje.

Público 

CINE: LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO de Steven Spielberg















USA. 2018
Meryl Streep. Tom Hanks

Lo que más llama la atención en la prácticamente unánime alabanza de este película, es que ningún comentarista, atacado de modernidad, la tache de antigua o de patriotera.
La última cinta de Spielberg es posiblemente lo más clásico que hayamos visto en fondo y forma en esta temporada, y desde hace bastante tiempo.
En forma, porque en su elegancia formal y su correcta dramática, no hay más atisbo de estilo que la eficacia y la contundencia. El trabajo de un gran director al servicio de una muy buena historia que quiere filmar sin intromisiones.
En el contenido, porque siendo una historia real, posiblemente de coraje y valentía, está narrada en clave de heroismo y de exaltación de los valores que, se suponen, imbuyen el espíritu de América: la verdad, la libertad, la honestidad.
Así tanto el director del periódico como su propietaria, podrían encajar en cualquier película de Capra o de otros directores de la época dorada de Hollywood, pero también quienes les rodean se mueven en ese nivel de ternura y simpatía dentro de su lucha.
Además, la cinta es también un homenaje a la mujer y a su batalla, a veces como en este caso, espontanea, por ocupar posiciones en un mundo de hombres. Algo que se resalta en perspectivas quizás un poco obvias.
En cualquier caso, Los Archivos del Pentágono es cine histórico, pero consigue que, narrando un hecho tan duro como los secretos que guardó la Casa Blanca, vinculados al drama de muchas vidas de muchachos inocentes en la guerra de Vietnam, esté cercano a la textura de los feelgood movies donde ganan los buenos.
En un ejercicio de contención, el director renuncia a la tensión sustituyendo el thriller por la alabanza.
Spielberg siempre ha trabajado sin complejos y no los tiene aquí.
El cine, en muchas ocasiones, ha sido propaganda. Quizás ahora, en tiempos políticos bastante oscuros para la potencia más importante del mundo, está bien que sirva de recuerdo.
Pues bien, el producto final es una obra muy sólida, incluso excelente, que disfrutaremos nosotros si somos capaces de acallar también nuestros complejos y reconocer que nos gustan mucho, muchísimo, las películas de siempre cuando están bien hechas.

Público

miércoles, 7 de febrero de 2018

NOVELA: REPÚBLICA LUMINOSA de Andrés Barba

Anagrama
200 páginas
También disponible en ebook
Premio Herralde de Novela

Concluyo la lectura de esta breve novela, que devoro en dos días, fascinado y sobrecogido.
No son muchas sus páginas y sí inmenso el caudal de sentimientos que maneja, la cantidad de sugerencias, de pensamientos intuidos que aparecen como hilos de los que nosotros decidimos si queremos tirar, si nos atrevemos, si tenemos valor para asumir la extrañeza.
Porque en República Luminosa, entre otras cosas, Andrés Barba nos invita a mirar con otros ojos cualquier certeza, incluso nuestro interior.
Y también, por supuesto, a navegar entre géneros, sorprendiéndonos en cada recodo del camino.
La infancia es, según muchos, la verdadera patria de cada uno, esa Itaca a la que regresar o la época que nos erosión hasta hacernos lo que luego seremos. Siempre la hemos teñido de inocencia, de ingenuidad, muchas veces en el límite de la estupidez.
Por eso, y el cine lo ha utilizado en muchas ocasiones, cuando se convierte en algo oscuro, produce verdadero terror, por el feroz contraste y un desconcierto que impide la defensa.
Hacia el cuento de terror parece deslizarse esta República Luminosa, un terror hipnótico y lleno de misterio y que implica todo lo que lo rodea. Pronto, sin soltar el desasosiego, podremos agradecer a su autor la inmersión en una extraña poesía.
La obra habla de los niños perdidos, pero también de los adultos que han olvidado su propia infancia.
Habla de otras cosas como la realidad de nunca conocer a los demás, del misterio que esconde cada ser humano, del extraño amor que puede surgir en cualquier momento, y del miedo, individual y colectivo.
La hermosa y precisa prosa del autor se decide por una creación densa en la que se dibujan a la perfección las líneas narrativas, en una geografía coral donde los personajes están perfectamente definidos y un paisaje que enmarca perfectamente los sucesos entre los pecados de los adultos en apariencia civilizados. Es esto último lo que le otorga también su nivel de crónica de la injusticia, otro punto de reflexión.
Pero lo que más me gusta, y es mucho lo que me gusta, es el descubrimiento que hace el narrador y que nosotros hacemos con él, ese nacimiento de una nueva sociedad, una nueva dimensión, con sus milagros, siempre fruto de la grandeza que esconden los seres humanos, y su posible condena a contaminarse, aunque esto venga sólo anunciado en una palabra en la pared.
Es alguien que nos lo cuenta, que nos narra aquel trágico episodio del que fue parte porque posiblemente nunca pueda olvidarlo.
Tampoco será fácil olvidar la lectura de República Luminosa.

Público

domingo, 4 de febrero de 2018

NOVELA: EL LIBRO DE LOS NOMBRES de Colm Toibin

Lumen
288 páginas
También disponible en ebook

No sé el papel que ocupa dentro de la crítica literaria ( o dentro de la crítica en general ), conocer los motivos que llevan a un autor a escribir una obra determinada.
En este caso, parece cuando menos peculiar que alguien en pleno siglo XXI se decida por rememorar La Orestiada.
Lo cierto es que este autor ya tocó el pasado, mito o realidad, para hacer una introspección nada menos que en el personaje de la Madre de Dios en El Testamento de María, pero quizás en ese caso fuese más un intento de colocar al personaje dentro de los límites de lo humanamente comprensible prescindiendo de toda referencia divina. Bueno.... también aquí hay cierta paganización en la ausencia de dioses, a lo mejor son propuestas no tan diferentes.
La narrativa de El Libro de los Nombres,se desarrolla alrededor de las acciones que conforman la leyenda mitológica, eso sí, llenando los huecos de la historia y buscando de una forma más racional la motivación de los personajes en sus trágicos comportamientos.
Creo que, en este sentido, la aportación más singular que encontramos en El Libro de los Nombres es la ausencia del papel de los dioses, sí, lo he dicho antes, para contarnos una historia de hombres, causada y promovida por ellos.
Toibin se apropia, podría decirse, de la mitología para convertirla en carne. Y funciona. En una prosa cuidada y precisa, siempre elegante , asistimos a la tragedia que gracias a esa decisión de base pierde trascendencia para ganar cercanía.
En una estructura de monólogos que cambia los pesos tradicionales ( Climenestra se convierte en un personaje rico , mientras que Electra pierde peso frente a la tradición, y Egisto adquiere una singularidad que personalmente desconocía ), se va desgranando una historia que, lo cierto, es que resulta apasionante.
Como he dicho funciona. Y es que los mitos, antes que mitos eran historias.  Muy buenas historias.

Público

CINE: THE PARTY de Sally Potter

UK 2017
Kristin Scott Thomas. Timothy Spall. Patricia Clarckson. Brruno Ganz. Cherry Jones. Emily Mortimer. Cillian Murphy

El planteamiento no es nuevo:
Con motivo de una celebración ( en este caso de tipo político, la victoria en la elección a un cargo de Ministra ), se reúnen un grupo de amigos de antaño. Largo tiempo conocidos implica a veces también muchos silencios, y poco más que un pequeño detonante para que todo salte por los aires y un elegante ágape se convierta en una pelea de fieras.
Tampoco es nuevo la posible estereotipación ( no sé si existe la palabra, el subrayado rojo de mi ordenador dice que no, pero se entiende ) de los personajes: el sabio, la fría, la amiga frívola, la niña rubia ( no por color de pelo, claro ), el extraño, etc.
Es decir, en The Party, Sally Potter recurre a material usado.
Pues bien , ¿ y que puede llevar a una directora vinculada a la creación artística a hacer algo que pueda sonar a conocido? ¿ y porque rodarla en blanco y negro?.
Creo que la respuesta es única, The Party es casi una instalación homenaje, un arranque de nostalgia con el que su autora agradece a aquellos dramaturgos de antaño ( capitaneados por Harold Pinter ) su creatividad y su furia. Ellos consiguieron en su momento cambiar la forma de percibir el arte y, posiblemente, la utilidad de la misma. También es cierto que sus postulados podrían haberse quedado obsoletos , pero les debemos mucho de lo que se edificó después. No fue algo sólo británico, también otros autores como Albee en América; era una forma de desnudarse con furia frente a la posible verguenza.
Hay dos matices que le otorgan personalidad a esta obra, quizás atípica en nuestro tiempo. Por un lado, Potter, fiel hasta el final, mantiene la relación del desengaño, algo bastante habitual en este tipo de obras. El tiempo nos ha convertido en lo que somos y no en lo que algún día pensábamos que deberíamos llegar a ser. En este sentido, la película no es sólo un ejercicio, o, además de, va más allá, marcándose un objetivo interior.
Por otro, y creo que mucho más importante, la trascendencia se ha cambiado por humor. Un humor que, por otro lado, nos acerca en muchos momentos al límite del absurdo, algo que singulariza aun más la propuesta.
The Party es corta, una hora y diez, precisa y coherente. Una obra muy interesante en su función, repito, de rememoración, no lejos ( aunque parezca increíble ) de otras propuestas tan diferentes como La La Land o The Artist.
Pero por supuesto, como lo eran también las obras a las que parece homenajear , es un excelente ejercicio de reflexión.

Público

jueves, 1 de febrero de 2018

NOVELA: LA SERPIENTE DE ESSEX de Sarah Perry

Siruela- Nuevos Tiempos
480 páginas
También disponible en ebbok

Entro confundido en esta novela, fundamentalmente por los comentarios críticos que hablan de una intriga victoriana, de un relato gótico ( ¿ cuantos de los "reseñadores" se leen verdaderamente la obra que reseñan?).
En un pueblo cercano a Londres, los lugareños están aterrados por la existencia de una serpiente marina, un ser primitivo y cruel, al que achacan algunas muertes misteriosas y otras desgracias de menor importancia.
Material in duda para un Dickens, un Collins o, mejor todavía, un Stevenson.
Así comienzo la lectura con la sensación de que Perry quiere crear una historia "al modo de" y rememorar un tipo de literatura clásica difícil de emular.
No niego que los primeros capítulos me generan cierta inquietud haciéndome pensar en la amenaza del pastiche, de la imitación.
Pues bien, nada más lejos de la realidad.
Pronto la novela comienza a desarrollarse a través de sus personajes, y comprendemos entonces que nos encontramos ante una crónica social histórica donde, para empezar, existe la distancia que da la perspectiva.
Así, desde ese punto de vista, podemos analizar con la mirada de hoy, lo que entonces fue el nacimiento de la razón como freno a la tiranía de la ignorancia, trufada de leyendas y de maleficios. También, la injusticia de una sociedad estamental, pregnada de un duro capitalismo incipiente. Y, por supuesto, la posición de la mujer en ese ámbito, no sólo a través de Cora, su principal protagonista, sino también del resto de féminas que la rodean, niñas incluidas.
El aroma gótico, la referencia inicial, es sólo al final una especie de peana que nos permite co,ocar y situar una narración de mayor ambición.
En este sentido, La Serpiente de Essex es una novela grande, por la amplitud de sus contenidos y la densidad con la que están desarrollados, también por un tan numeroso como rico conjunto de personajes, y, en todo momento, por su calidad literaria.
Sus páginas están plagadas de color, de texturas, de matices, capaces de dibujar tanto los barrios obreros de la capital como el ambiente rural de las marismas. De detenerse en cada acción y en cada sentimiento y de sobrevolar en visión general como una cámara de cine.
La novela es una obra absolutamente moderna que, aunque bebe de fuentes conocidas, termina conformándose como un producto singular, tan bello como apasionante, y que se atreve en un nivel interior, a establecer un campo de debate sobre las diferentes formas de amar.
La serpiente es mucho más que una leyenda, una duda o un símbolo. La serpiente es esa corriente que atraviesa la vida, cargada de mundo, y que nos hace avanzar junto con los desarrollos de la civilización y un pensamiento siempre en evolución.
Muy británica, sin duda, pero universal en sus planteamientos.
Una muestra excelente de narrativa con mucho campo para la reflexión.

Público