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En un momento en que la literatura para adolescentes parece haberse convertido en un filón para muchas editoriales, tal vez sea la ocasión para empezar a distinguir , no sólo entre libros bien escritos y otros infumables, sino entre aquellos que parecen surgir de la pluma de un narrador con alma y los que más bien nacen de un trabajo de construcción, respetable en muchos casos, pero ajeno a lo que debe de entenderse como literatura.
Estoy de acuerdo en que lo importante es conseguir convertir a cualquier niño o joven en lector, siempre dentro de unos límites de calidad exigibles, y en ese sentido, bienvenidos sean Juegos del Hambre, Harry Potters, Crepúsculos o demás familia. El problema es cuando ese tipo de lecturas producen un efecto ancla y el presunto lector no avanza hacia otro tipo de obras que serán, fundamentalmente, nuevos descubrimientos.
Por eso me siento tan agradecido cuando me encuentro con narraciones que me devuelven , a mis casi cincuenta años, a aquellos momentos en que necesitaba buscar cualquier momento para volver a las páginas de novelas que, desde su inicio, me habían atrapado , no sólo en el entretenimiento, sino también en la emoción.
Ya he comentado en otras ocasiones que, personalmente, creo que la mejor literatura juvenil e infantil está en manos de escritores británicos, quizás porque la cultura es algo que existe en su ámbito educativo desde el inicio.
Michelle Magorian ( y ya he comentado aquí algunos de sus libros ) se corresponde con esa estirpe capaz de mezclar la capacidad descriptiva ( exterior e interior ) de un Dickens con la tensión de Enyd Blyton.
El escenario es siempre el mismo : Inglaterra reponiéndose de las heridas de la Segunda Guerra Mundial y un entorno familiar que no siempre encaja en lo idílico ( otra característica de estos autores , es la de ser capaces de mostrar la realidad , por dura que sea , sin acercarse si quiera a la sordidez ).
El protagonista es en este caso un muchacho de 16 años con un ansia en la vida , ser actor de teatro; a través de sus peripecias , su esfuerzo y su lucha , vamos conociendo a un conjunto de personajes encantador , incluso los más negativos tienen su punto de ternura, y un país que es capaz de levantarse desde las condiciones más extremas para conseguir, como Ralph, alcanzar aquello que se propone.
La narración es transparente , llena de detalles , apasionante en su ámbito cotidiano.
El resultado está a la altura de Just Henry, mi novela favorita de las de su autora.
Volviendo al inicio, creo que acercar a niños y adolescentes a este tipo de libros , es hacerles un regalo impagable, tan amplio como un viaje alrededor del mundo, con el valor añadido de que no termina nunca.
Y a los adultos, nos ofrece la disculpa de sumergirnos de vez en cuando en lo que fuimos, en lo que nos ha llevado a ser lo que somos, a asomarnos, con una pizca de nostalgia, a aquellos pequeños que, en lugar de dormir, hurtaban horas al sueño para seguir avanzando , teníamos prisa, como cambian las cosas....
Público
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