
No va a poder ser.
El primer acto promete una buena propuesta. Quizás un error técnico el cierre horizontal pero es evocador.
Con respecto al segundo acto, lo mejor que puede decirse es que es convencional, no por el hecho de adaptarlo a un escenario moderno sino por su falta de movimiento y , sobre todo, de cierta profundidad que pueda darle pasión y credibilidad a este drama de fantasmas.
Pero el tercer acto lo supera con creces. Primero nos abrimos a una escenografía de una pobreza impresionante con respecto a la parte anterior, ayudada por dos ristras de banderitas que conforman la fiesta de pueblo más cutre imaginable. Luego hay un problema de localización: el barco del holandés ¿ está delante, donde llaman los marineros? ¿ está detrás, por donde escapan los enamorados?. Y por último la tormenta ¡ que tormenta! pero ¿nadie se ha dado cuenta que esas tres gogos eran más propias de una gala de OT ?.
lo siento, pero este precioso cuento ha perdido su magia, no tiene aroma, ni siquiera un movimiento adecuado.
Gracias a Dios en la ópera siempre nos queda la música y unas preciosas proyecciones del mar.
Público
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