TEATRO: EL CABALLERO DE OLMEDO de Lope de Vega

 


Dirección.-

Laila Ripoll

Intérpretes.-

Víctor Sainz. Elisabet Altube. Arantxa Aranguren. Toni Misó. Jorge Varandela. Mateo Rubinstein. Gerardo Quintana. Clara Cabrera. Sandra Landin. Teo Maiztegui. Javier Diaz Gil. Carlos Jiménez Alfaro. José Luis Martínez

Desde hace ya tiempo, me he aficionado al teatro clásico de nuestro Siglo de Oro. Sin entrar a reflexionar sobre lo milagrosa que me parece la promiscuidad creativa de estos autores, me instalo perfectamente en la escucha del verso, la asunción de la poesía en escena que, el único problema que me plantea, es mi sensación constante de que nunca puedo atraparla para apreciarla en su plenitud. Disfruto infinitamente de una versión bien recitada de las innumerables obras que nos han dejado genios como Lope, Calderón, Tirso....

Hace décadas había visto también a cargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, una versión de esta obra creo que dirigida por Miguel Narros y donde descubrí a un actor para mi entonces desconocido, Carmelo Gómez ( ¿qué ha sido de él ?) . Recuerdo que era una representación oscura y sobria, muy bien medida. El retorno que hace Laila Ripoll a la pieza la acerca más al cuento oscuro que a la tragedia, al romanticismo de las leyendas de Becquer.

No creo que El caballero de Olmedo sea una de las grandes creaciones de Lope en la belleza de sus palabras, pero gana con la concreción de su narrativa. La anécdota se mueve entre el amor y el destino, la muerte presente en la esencia de la vida.Y Ripoll lo cuenta de una forma lineal y transparente y, en un escenario casi vacío, combina elementos que va incorporando con agilidad y que enriquecen muchísimo la propuesta: sedas, proyecciones, música... las escenas corales sirven de referencia a la plasticidad global, muy conseguida. Todo ello, combinado con el buen decir del verso por parte de un conjunto de actores muy homogéneo, acerca la obra a un público acostumbrado a propuestas más eficaces, sin traicionar con ello su esencia. 

En general el espectáculo es atractivo y moderno. Y consigue, una vez más, que resuenen los aplausos en reconocimiento a un texto que, hace no mucho años, se relegaba a los sótanos de la pretendida cultura convertida en guardiana de un patrimonio equivocadamente intocable.     

Público

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