Random House
160 páginas
Disponible en ebook
Me cuesta explicarlo pero voy a intentar contar porqué me gusta tanto leer a Jon Fosse, un escritor que, aparentemente, renuncia a cualquier exceso o subrayado, a cualquier recurso que pueda incidir en la percepción de su obra, presentando su narrativa sobre una base de aparentemente pura sencillez, donde no hay más que una linealidad meticulosa. Y aun así, consigue resultarme apasionante.
En este caso, todo comienza con un hombre con pasado, aunque no sabemos cual, y del que tampoco sabremos de donde viene, sólo apuntes muy contados de su vida pasada y la seguridad de que no se dirige a ningún sitio ni tiene su viaje ningún sentido. Se detendrá en Vaim, una pequeña localidad costera que se dibuja como el decorado de un cuento, con su hotel, su café y su bazar, y con personajes que, salvo la hospedera, responden a denominaciones básicas: el Comerciante, el Marinero....
El misterio que rodea a la figura del protagonista, actuará como un imán para atraer otros alrededor de elementos totalmente cotidianos como una caña de pescar, su cartera o las llaves de su coche, y un rostro en la ventana de una casa abandonada. Y frente a la traslación a palabras de esas pequeñas anécdotas, nuestra lectura responderá con un franco desasosiego, una inquietud tan real que hace desaparecer cualquier distancia que pueda haberse creado por la frialdad en la forma de contar.
Cuando concluye nadie nos ha explicado nada. Es como si Fosse escribiese sin pensar en ningún momento en el lector y lo que quedase es un cuento frente al que todas las sensaciones son extrañas. Es extraño que sintamos belleza donde sólo hay simplicidad, que sintamos angustia ante tanto tan lejano, que percibamos la extraña poesía del desconcierto. Y no sabemos, o nos toca a nosotros decidir, si lo que nos han contado es un misterio o una novela negra con la reconocible trama del viajero que se detuvo en el lugar equivocado.
Creo que Hotel Vaim habla de muchas cosas, la soledad del hombre contemporáneo y la porosidad del tiempo y los encuentros, el misterio cotidiano, la flexibilidad de las sensaciones y la necesidad de regresar a lo básico. Su prosa es limpia y el resultado es totalmente coherente.
Y cuando concluyo, me cabe la duda de si lo que Fosse nos está retratando con su cámara es el infierno o el purgatorio.
En cualquier caso, a mi, una vez más, me ha atrapado, y su literatura me parece en un nivel de elevación.
Público

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