USA 1961
Geraldine Page. Laurence Harvey. Rita Moreno. Pamela Tiffin. John McIntire. Una Merkel. Lee Patrick. Thomas Gomez. Earl Holliman
Admiro la mayoría de las obras de Tennessee Williams, no sólo por el atrevimiento de sus temáticas ( muchas de ellas no han perdido su fuerza con el paso del tiempo ), o por su capacidad de crear personajes inolvidables, sino por su maestría en la creación de estructuras dramáticas y la transparencia meticulosa de su narrativa. Creo que posiblemente sea el escritor teatral más cercano a un guionista de cine, y de ahí que muchas de sus obras hayan sido tratadas como material de éxito para la gran pantalla.
Verano y humo no es de las más conocidas, posiblemente porque el conflicto que presenta tenga menos aristas de las habituales, de hecho, creo que puede verse casi como un prólogo a sus obras posteriores, un ejercicio cercano a la abstracción, muy claro en sus referencias y muy sencillo en su comprensión y en su simbolismo.
En una pequeña población de Mississippi, la hija de un predicador ajusta su existencia de previsible solterona al cuidado de su madre, con problemas de demencia, y la participación en diferentes actos sociales, siempre ajustándose a unas normas morales que comienzan a estar superadas por los nuevos tiempos. Desde su infancia, sus ilusiones románticas han estado ligadas a un noven vecino que, convertido en doctor, como su padre, regresará al pueblo convertido en un joven apasionado y libre. Ninguno de los dos ha olvidado ese hilo que parece haber unido siempre sus vidas. Ella se llama Alma.
Lo que Williams nos presenta es la dualidad del ser humano entre su componente espiritual y su parte sensual, y, por encima de ambas, su confusa relación con la verdad para reconocer la atracción mutua que se produce entre ambas. Como dice el protagonista en una escena, las tres hambres que cualquier persona debe saciar y que es tan difícil mantener en equilibrio.
El texto guarda esa pulcritud tan habitual en su autor aunque, como he dicho antes, sea menos doloroso de lo habitual. Glenville ofrece una producción que realiza bien la correcta traslación de teatro a cine y, en el centro, está esa magnífica interpretación de Geraldine Page, quien consigue no caer en la caricatura y trasladar toda la convicción, la represión y la confusión de su personaje.
El final, maravilloso, nos remite a otros de su autor. Esos en que las heroínas, quedan abandonadas por esos hombres que jamás están a la altura para protegerlas en su dolor. Y en los que ellas, siempre, siempre, van a depender de la bondad de los extraños.
Publico
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