CINE CLÁSICO: CRÍA CUERVOS de Carlos Saura

 

España 1976

Ana Torrent. Geraldine Chaplin. Mónica Randall. Héctor Alterio. Florinda Chico. Conchita Pérez. Mayte Sánchez. Josefina Diaz. Mirta Miller. Germán Cobos

Cuando se estreno Cría Cuervos yo tenía doce años y vivía en la comodidad de una familia burguesa de provincias. Me sonaba Saura como un director de esas obras "de mayores" ajenas a lo que le gustaba a la gente de mi entorno. De todos modos para mi nunca fue una referencia: sólo conviví con sus últimas obras, las musicales y otras tan válidas como Goya en Burdeos o El séptimo día, pero ajenas a su posición militante, cuando eran necesarias las voces capaces de cuestionar la sociedad en que vivíamos.

Esta visita ha sido, lo digo ya, descubrir una película importante por lo que cuenta y también por como lo cuenta.

El director nos sitúa en un tiempo con la textura de los últimos años del franquismo, en un hogar lleno de silencios y de una intimidad enfermiza, formado por un militar viudo y sus tres hijas. Una de ellas, Ana, manteniendo una relación muy especial con su madre muerta, será, desde su madurez, la narradora de la historia.

Y Saura elegirá la infancia como territorio desde el que retratar la situación de un país pero también la universal situación de esa etapa, desde un realismo que evita la idealización más común. No sé si mi percepción está muy marcada por haberme sentido muy reconocido en gran parte de lo que nos cuenta. Frente a la recreación de esa niñez llena de risas y juegos de colegios y recreos, está también la infancia de la soledad que se desarrollaba de puertas para adentro. Ese contraste tan desconcertante entre el mundo de los adultos de la familia lleno de silencios, con la apertura del de los sirvientes, verdaderas fuentes de información del reino de los secretos. El resultado era una realidad hecha a retazos donde la construcción de los vacíos tenía una mixtura de intuición e ingenuidad.

Es sorprendente como se consigue transmitir la pregnancia que la vida de los mayores tiene en el de los pequeños, como se repiten esos roles. En ese sentido, es antológica la escena en el que las tres niñas, disfrazadas, serán la cadena de transmisión de una parte de la historia a la que asistimos. Y ese paisaje oscuro habitado por seres que ellas serán algún día, tiene que asumir la llegada del final, la muerte, sin edulcorantes, con todo su dolor, aunque, eso sí, la comprensión de las pequeñas desdramatizará su esencia acercándola a su propio universo donde, todavía, todo es posible. 

Cría Cuervos habla de la infancia pero también de muchas otras cosas, de la sociedad de clases y las líneas ácidas en sus relaciones, de la familia como jaula, de la herencia... en definitiva, dibuja una crónica íntima que, como ya he dicho, se sitúa en una sociedad muy reconocible pero con mucho de universal. Lo hace con una caligrafía sorprendente en su libertad y su precisión, moviéndose sin fisuras entre pasado y presente, sueños y realidad. Y por supuesto con una herramienta imprescindible: los ojos de Ana Torrent.

No es una película perfecta. Hay alguna ruptura en la presencia de la protagonista adulta y algún punto melodramático, pero en mi experiencia cinéfila, es en la imperfección donde he encontrado las obras que más me han interesado y que forman parte de mi catálogo personal. Cría Cuervos ha pasado ya a ocupar un lugar preferente en esa lista. Sin dudarlo.

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