Sala Alcalá 31
Comisario.-
Julio Pérez Manzanares
Artistas.-
Ouka Leele. El Hortelano. Ceesepe. Carlos Franco. Carlos Alcolea. Costus. Patricia Gadea. Piluca Sanz. Carlos Forns.
Recuerdo mi llegada a Madrid como joven de provincias, a los dieciocho años, en los años ochenta.
Si ese cambio ya de por sí suponía subir un escalón en la libertad, la capital era en esos momentos un escenario en eclosión, Como tal lo veía desde lejos, y poder alcanzarlo era un sueño fantástico.
No me decepcionó. Tal vez fuese yo quien la decepcionase a ella, no siendo capaz de abarcar todo lo que me ofrecía por elegir en muchas ocasiones placeres más inmediatos y epidérmicos. Juventud¡
En cualquier caso disfruté mucho de esa sensación de sorpresa, de que todo era posible, de que si yo estaba cambiando al hacerme mayor también el mundo estaba cambiando a mi alrededor. Bendito Madrid.
La exposición que se ofrece en la Sala Alcalá 31 es un recorrido por el entonces. Mi sensación es muy personal como se puede suponer pero, en cualquier caso, para aquellos que no lo vivieron es imposible sustraerse a la explosión de creatividad que suponía, con piezas icónicas como el cartel de La ley del deseo que hizo Ceesepe. Hay brillo, color, formas impensables y todas ellas cuentan historias de entonces pero también de antes, utilizando relatos que seguramente habían poblado el crecimiento cultural de sus creadores. Quizás no se trate tanto de mitologías modernas como de la interpretación, de hacer suyas mitologías eternas. Suyas y nuestras.
El montaje en una especie de casa de muñecas es encantador y está muy bien estructurado.
En fin, es además una exposición generosa en su número de piezas, entrañable desde la nostalgia y que me alegra al comprobar que sí, que no era sólo rendirse ante lo nuevo, que allí había mucho arte. Y que nunca les olvidaremos.
Público

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