Centro CondeDuque
Madrid
Hasta el 22 de noviembre 2026
Con obras de Murillo, Pedro Roldán. Bartolomé Esteban. Juan de Valdés Leal
Somos muchos en este país los que nos hemos criado visitando
frecuentemente el frío de las iglesias. Las misas de los domingos convertidas
en encuentro social, los silencios tristes de la Semana Santa, las obligaciones
de eso que se llamaba “fiestas de guardar” y tantas otras liturgias de una
sociedad confesionalmente católica.
Soy creyente, conservo la fe desde entonces con temporadas
de altibajos, pero me ha costado siempre aceptar la vertiente de exaltación del
dolor y de santificación a base del sufrimiento. Quizás el problema sea mío, una
fe tibia o una excesiva banalización de la trascendencia. En cualquier caso,
esto ha hecho que tardase mucho tiempo en ser capaz de apreciar el arte
religioso.
Con el paso de los años, he conseguido vincularlo sólo al
ámbito artístico e histórico, comprendiendo la importancia de la cultura del
cristianismo desde la Edad Media, en las bases del ahora viejo continente y su
expansión en los nuevos territorios.
Y es gracioso, a medida que me he hecho mayor, he comenzado
a sentir ante esas imágenes y esos cuadros un recogimiento más comprensivo
ante la posible agresividad de sus representaciones.
Esta larga introducción para un breve texto, viene a cuento
en relación con la exposición El barroco en la Santa Caridad de Sevilla, que
puede verse en el Centro CondeDuque en Madrid, donde se pueden contemplar
piezas de pintura y escultura de esa institución andaluza.
En un espacio recogido, con una iluminación de sombras, `podemos contemplar cuadros fastuosos que nos cuentan historias de la mitología bíblica y apreciar la perfección de unas sobrecogedoras esculturas, compartiendo con ternura la sensación de aquellos que, adorándolas, ponían posiblemente en sus manos todas sus esperanzas.
Público

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