España 2026
Julia Mascort. Laura Weissmahr. Tomás del Estal. Sonia Almarcha. Jorge Basanta. Fran Cantos. Leticia Estala. Daniel Guerro
Recuerdo un programa de televisión de hace unas cuatro o cinco décadas que se llamaba Vivir cada día. Desde una perspectiva documental se afrontaban diferentes situaciones cotidianas, con un realismo meticuloso que nos permitía introducirnos en casas particulares, fábricas, oficinas... Es tal la verdad que aparece en la película de Marta Matute que por momentos he tenido la sensación de estar asistiendo a un capítulo de aquella colección.
Claudia es una joven cuya madre enferma de alzheimer ( aunque no llegue nunca a nombrarse ) con un desarrollo feroz de la pérdida en apenas cinco años. Lo que se nos cuenta en noventa minutos es como esta tragedia afecta a una familia de una forma minuciosa que va empapando todos sus comportamientos.
Yo no moriré de amor se distingue de una mera crónica es ese mensaje que ya se explicita en su título. Porque Claudia no busca ser una heroína sino poder vivir plenamente como le corresponde, tener derecho al egoísmo y lidiar ella sola con su sentimiento de culpa que, obviamente, existe. Poco a poco, vamos comprendiendo y aceptando un comportamiento que nos sorprende en el inicio y que termina llevándonos a la reflexión. Así la directora consigue algo tan difícil como que exista luz en la oscuridad y que nos planteemos que la felicidad puede convivir perfectamente con la tristeza.
Supongo que no soy el único que duda sobre si puede contarse una historia así con la sensibilidad que muestra Matute sin haberlo vivido. No es una cuestión relevante. Lo que sí lo es, es que la película, sin duda un documento relevante, trasciende esa figura para convertirse en cine veraz, muy bien escrito, contado con soluciones visuales muy interesantes ( como ese plano final ) que en ningún caso nos desvían del realismo, e interpretada con absoluta perfección por un grupo de actores extraordinarios (desde que la vi en teatro en Mephisto Forever, me enamoré de lo que es capaz de hacer Sonia Almarcha).
Al resultado podría faltarle algo de narrativa, pero no creo que eso lastre su valor. Y lo más importante, es que para mi, sorprendentemente, es una película que desde un dolor que traspasa la pantalla, es capaz de hablar, nada menos, que de VIDA.
Público

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