CINE CLÁSICO: OTHELLO de Orson Welles

 

Italia/ Marruecos 1955

Orson Welles. Suzanne Cloutier. Micheal Mac Liammoir. Robert Coote. Michael Laurence. Fay Compton. Hilton Edwards. Nicolas Bruce. Jean Davis. Doris Dowling. 

Cuando asistimos a la representación de un texto que conocemos, prescindimos de la sorpresa en la narración para buscarla en como se cuenta. Ocurre a menudo en el teatro ( ¿Cuántas versiones de La casa de Bernarda Alba, Hamlet o Un tranvía llamado deseo, por citar algunas, habré visto ya?), y también alguna vez en el cine, bien en los remakes, bien en la filmación de textos conocidos.

Pensaríamos que eso es una desventaja, sin embargo, por utilizar como referencia el mismo dramaturgo, a mi han conseguido apasionarme versiones de piezas de Shakespeare como Ran y Trono de Sangre, de Kurosawa, Ricardo III de Laurence Olivier, Enrique V de Bragnah, y, dirigida también por Orson Welles, la que posiblemente sea una de las mejores, Campanadas a medianoche.

¿ Que pasa entonces con Othello?

Si Welles convertía Macbeth en un ejercicio arqueológico, oscuro y que apelaba a la naturaleza más animal y primitiva de sus personajes, aquí se decide por un ejercicio de orfebrería barroca cinematográfica.

De los pocos cambios que realiza, más allá de la considerable reducción del texto, el más importante es comenzar con el entierro de la pareja protagonista y la condena de Yago. En blanco y negro, la ceremonia es fastuosa y lúgubre, y sirve de anuncio a lo que nos vamos a encontrar. A partir de ahí, no hay un solo fotograma en la cinta, ni siquiera los que incluyen primeros planos, que no pudiese enmarcarse.

La capacidad del director para utilizar los escenarios, creando enfoques tan sorprendentes como atrevidos, y generar hallazgos visuales hasta el último momento, es brutal. Othello es, en su máxima expresión, un ejercicio de arte hermoso, extremo y atrevido. Y como tal es una experiencia absolutamente gozosa.

Pensemos pues que eso es lo que ha pretendido su creador, representar a Shakespeare casi desde el homenaje, elevando así su palabra. Desde ese punto de vista, perfectamente conseguido, con nota.

Otra cosa es que la narrativa no aporte novedades y que quede incluso un poco aplastada frente a lo monumental.

Rita Hayworth tras separarse de Welles dijo que era muy difícil convivir con un genio veinticuatro horas. Tal vez mi percepción de esta versión del moro de Venecia sería mucho más positiva si el director no hubiese tenido tanto empeño en demostrarlo.

En cualquier caso, es una obra notable ( y un poco aburrida, lo siento). 

Público

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