UK 1970
Sarah Miles. Robert Mitchun. Christopher Jones. John Mills. Trevor Howard. Leo McKern. Evin Crowley. Marie Kean. Arthur O?Sullivan. Barry Foster.
La hija de Ryan fue el gran fracaso de la carrera de David Lean, de hecho supuso casi una retirada del director que tardó trece años en regresar con Pasaje a la India.
Vista en la distancia, creo que todo se debió fundamentalmente a que en el inicio de los setenta, el cine buscaba otras cosas. Ese año, el Oscar a la Mejor Película lo recibió Patton y en el quinteto de las nominadas estaban Love Story, Mash o Aeropuerto. No parece que fuese el momento de los grandes melodramas.
Sólo así se entiende. El público buscaba algo más cercano y menos ampuloso. Porque lo cierto es que en esta cinta está todo aquello que hizo de Lean un director aclamado.
La historia sucede en un pueblo costero de Irlanda, sumido en la pobreza y bajo el dominio inglés, mientras en Europa estalla la Primera Guerra Mundial. Rose, la protagonista, es una chica soñadora que parece destinada a algo más de lo que ese lugar puede ofrecerle. Pero el camino hasta su marcha va ser duro y triste. La protagonista es una especie de Madame Bovary o de nuestra castiza Mari Gaila. Una mujer mimada, egoísta, que nunca tiene suficiente, perdida además en una pulsión sexual que su marido parece incapaz de comprender. El problema surge cuando su deseo la lleva a relacionarse con un general británico al tiempo que a su alrededor el fanatismo nacionalista apunta a lo que serán los primeros pasos del IRA.
Lean nos ofrece tres horas de cine, como ya había hecho otras veces. Lo hace con una historia narrada en una meticulosa caligrafía, con personajes muy bien dibujados e interpretados, escenarios magníficos y secuencias grandiosas como el rescate de los fardos en el mar.
Posiblemente cuando se estrenó olía a cine antiguo pero no lo suficiente como para ser considerado clásico. Ahora sí. Y además tiene el regusto vintage de ser cine de pantalla grande, de tarde larga y de grandes historias. No engaña. Cine de ese con el que yo aprendí a amar el cine.
Público

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