USA 1980
Mary Tyler Moore. Donald Sutherland. Timothy Hutton. Judd Hirsch. M Emmet Walsh. Elizabeth McGovern. Dinah Manoff. James B Sikking
El inicio de esta película, nos ofrece preciosas imágenes de otoño bajo la música del canon de Pachelbel. Es un conjunto puro de melancolía. Me resulta imposible no recordar a Chejov, y creo que en la intención de Redfotd está colocarnos en una posición de cierta tristeza, preparados para entrar en la intimidad de sus personajes.
Todo ocurre, como gran parte de los buenos dramas, en el seno de una familia, y sí, los protagonistas son gente corriente que deberán de enfrentarse a circunstancias propias de una tragedia. Han perdido a un hijo en un accidente en el mar, y el otro ha intentado suicidarse. Tras cuatro meses en el hospital, intentará retornar a su vida corriente, pero no será sencillo y necesitará la ayuda que no siempre sabe pedir o aceptar. Sus progenitores afrontarán la situación de forma diferente. Su padre luchará por el sueño de la felicidad compartida desde la absoluta generosidad; la madre sin embargo necesitará apelar a su egoísmo para poder mantener la posición que la hace sentirse segura.
Esta fue la primera película de Robert Redford como director y me sorprende su madurez y su atrevimiento: con un material tan delicado, evita totalmente cualquier acercamiento al melodrama, optando por un tono mucho más seco y mucho más sincero, así consigue una emoción pura. Volvemos a Chejov, no hay finales felices, hay verdad.
Y por supuesto, en una cinta de estas características, es fundamental la participación de intérpretes que hagan creíbles sus personajes. Aquí el conjunto es magnífico. Hutton tiene el más lucido y lo borda. Siempre he pensado que Donald Sutherland es un actor que nunca ha tenido el crédito que merece, aquí lo confirmo. Y Tyler Moore borda la contención con una creación a base de silencios y miradas.
Recuerdo que no la vi en su momento y la tenía como una obra menor, a la que se le echaba en cara haber merecido el Oscar a Mejor Película frente a contendientes como Toro Salvaje o El Hombre Elefante. Ahora, con la distancia, creo que esa apreciación es injusta. Gente Corriente es una muy buen película pero, además, es valiente. La carrera posterior del hasta entonces sólo actor, como director, demostró que no era suerte sino talento.
Público

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