Alba Editorial
550 páginas
Supongo que será culpa de la maestría de los cuentos y el teatro de Chejov o de las magnas novelas de Tolstoi y Dostoievski, que otros interesantes escritores de la literatura rusa hayan quedado eclipsados, exceptuando obras concretas como El maestro y Margarita.
Esto hace que un narrador tan valioso como Pushkin, apenas sea conocido, a pesar de ser un magnífico contador de historias y un excelente cronista de su época.
La propuesta de Alba es especialmente valiosa. Se recogen todos sus textos en prosa, incluso aquellos que son simplemente fragmentos, no llegando nunca a formar parte de una obra completa pero si enunciándola.
¿Y que nos encontramos? En primer lugar, a un autor especializado en las piezas breves, incluso las que llegan a categoría de novela lo son, un género que a mi me gusta especialmente. No necesita demasiado espacio para desarrollar historias que beben del romanticismo más clásico, donde el amor se cruza siempre con la aventura, en relatos poblados de personajes icónicos como príncipes y bandoleros.
Con Pushkin, recupero esa lectura algo ingenua y colorista sin complejos. Pero no por ello, evita trasladar de una forma pictórica, la crueldad de una batalla o la brutal injusticia de una sociedad basada en un régimen de propiedad de seres humanos.
Hay dos aspectos que le otorgan una personalidad singular a este material: por un lado, el nivel de crónica social riguroso y brillante de la Rusia de entonces, posiblemente una de las épocas más apasionantes de la historia. En segundo lugar un narrador presente, con una posición sorprendentemente moderna a la hora de incidir en lo que nos está contando.
El conjunto es muy recomendable, no sólo desde el punto de vista científico sino desde el puro disfrute. Y una nota final: en la conclusión de La hija del capitán, se incluye un capítulo perdido que hasta ahora no formaba parte de ediciones anteriores. En su sorprendente final, no puedo dejar de encontrar ecos del epílogo de La montaña mágica de Thomas Mann, esa gran novela desde la que tiempo después también se presentía la barbarie de la guerra y las revoluciones.
Público

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