Francia 2025
Agathe Rousselle. Alex Lawther. Suzy Bemba. Jonas Bacham. Francois de Brauer
Elizabeth está sola.
Suena infantil como drama. No lo es. Elizabeth es americana y quiere quedarse en Francia, para ello, acepta un trabajo en condiciones paupérrimas y que le exige una dedicación cercana a la esclavitud. Además, fruto de una enfermedad, tiene un problema de sordera que dificulta más su relación con el exterior. El hecho de que mientras ella intenta mantenerse en pie y cumplir con sus obligaciones, se esté celebrando en París la inauguración de los Juegos Olímpicos, eleva el nivel de ruido, de brillo, de aglomeraciones a su alrededor, haciendo más patente el contraste con el vacío interior de nuestra protagonista.
Porque, repito, el multiplicador exponencial de cualquiera de sus dramas, es su soledad, su aislamiento.
¿Cuántas personas habitan nuestras ciudades sin nadie a su alrededor que pueda escucharles, darles un abrazo, una sonrisa?, seres humanos que se convierten en meros presentes, que como Elizabeth para nosotros, que carecen de pasado y de futuro no porque no existan sino porque a nadie le interesan.
Laurent Slama, con la inestimable ayuda de Agathe Rousselle, realiza un preciso retrato desde la comprensión y la generosidad, y para ello, le hace a su protagonista omnipresente dos regalos:
El primero, una película muy hermosa. Frente a la habitual aridez o agresividad realista de las cintas que tratan este tipo de problemas, el director nos sorprende con una bellísima experiencia sensorial, donde la pintura de los Nenúfares de Monet tiene especial relevancia y donde el sonido y su ausencia, se maridan con una banda sonora apenas perceptible. Desde este punto de vista, la película es casi un poema.
El segundo regalo es un amigo. Peculiar, sorprendente, inesperado y, por momentos, enervante, con su propia fragilidad, pero a fin de cuentas un amigo capaz de hacerle recordar lo que significa contar con otros, sentir que les preocupas, divertirte...
A second life, es la crónica de una jornada en que para Elizabeth se abrirá, desde la oscuridad, una puerta a otro futuro, no tanto por las oportunidades que podrá tener sino por como será capaz de afrontarlas. Con todo lo que esto significa y sin que suene ingenuo, a Elizabeth se le abre una puerta a su propia sonrisa. Y eso convierte esta historia en algo tan hermoso ( y tan necesario para todos en los tiempos que corren ) como un viaje hacia la luz.
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