Bélgica 2025
Myriem Akkiedou. Laurent Capelluto. Natali Broods. Adele Pinkcraes. Marion de Nanteouil.
No puedo evitar que esta película me recuerde a otra de hace unos años, Custodia Compartida de Xavier Legrand. En ambas el objetivo es trasladar un conflicto familiar de violencia y abusos de una forma tan realista que parece quedar fuera de la ficción.
En este caso, la protagonista tiene que acudir con sus dos hijos al juzgado de familia ante la reclamación judicial de su exmarido para recobrar la relación con los menores. El estado de los niños, en especial del más pequeño, es devastador, y de hecho ha denunciado a su padre por abuso sexual.
Los directores construyen una crónica breve e impactante, focalizada en los primeros planos, que sostienen unos intérpretes impecables. El conjunto consigue un nivel de tensión por momentos insoportable. Y además, lo más importante y posiblemente el mensaje más terrible de la cinta, es que, en momentos, consiguen colocarse en ese filo tan delicado donde tendría cabida la duda.
Quizás por eso me habría gustado que el título fuese menos explícito. Por mucho que todos sepamos el lugar que ocupamos en estos conflictos, creo que se debe de confiar más en el público y dejar en sus manos su decisión al respecto. Un posicionamiento tan claro por parte de los directores, condiciona desde el punto de partida y el objetivo debería de ser llevar al espectador a pensar, evaluar y decidir en consecuencia. Su compromiso sería nmayor.
Hay además una escena, dentro de un conjunto muy compacto y casi perfecto, que me gusta muy poco, y es la reacción de la madre después de que su hijo reciba un regalo de su progenitor. Creo que esta fuera del tono y rompe la coherencia de los dos personajes principales. Por contra, me parece magnífica aquella en la que se nos permite observar a la juez que debe tomar la decisión, una vez que han salido los litigantes.
En conjunto, la película es un puñetazo. Porque nos muestra las fisuras del sistema. Pero también porque nos desconcierta ante los posibles recorridos de un ser humano, desde un amor suficiente para decidir compartir la vida, hasta comportamientos monstruosos y una batalla sangrienta. Esa efectividad, materializada en una duración limitada focalizada en lo esencial, prescinde de cualquier información complementaria, reduciendo su alcance pero multiplicando su potencia.
Creo que Yo te creo es cine necesario y buen cine. Quizás me habría parecido más rico si dejase más margen para la reflexión.
Público

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