CINE: PRIME CRIME. A TRUE STORY de Gus Van Sant

 

USA 2025

Bill Skarsgard. Dacre Montgomery. Colman Domigo. Al Pacino. Cary Elwes. Myha'la Herrold

Gus Van Sant es un director que me resulta desigual.

Me gustan mucho, muchísimo, algunas de sus películas como Elephant o Restless. Y sin embargo, en otras como para la para mi sobrevalorada, El indomable Will Hunting, me resulta pasmosamente convencional. De hecho, admitiendo convencionalidad en alguna que sí me gusta como la biografía de Harvey Milk, el problema de las otras es que me parecen blandas.

Probablemente cuando más me gusta es cuando es más consciente de si mismo como director.  Cuando convierte sus películas en narraciones políticas contadas como ejercicios de estilo.

Sin ser absolutamente enmarcable en el primer grupo, Prime crime cuenta con bastantes factores para acercarla.

Por un lado, algo bastante habitual en su catálogo, la historia es real. Van Sant nos narra el secuestro llevado a cabo por un hombre corriente al sentirse humillado y estafado por una gran empresa inmobiliaria.

Desde su absoluta falta de experiencia, el protagonista fue capaz de perpetrar el delito y retener durante varios días a su víctima a la vista de todos. Lo más singular fue que, desde su desconocimiento y la simple necesidad de justicia, consiguió además utilizar los medios de comunicación e involucrar a gran parte de la ciudadanía, erigiéndose como una especie de vengador frente a la tiranía del capital.

Además, el director, como ocurre en sus buenas películas, trabaja para darle a la narración su propia textura y caligrafía. En esta ocasión, opta por maridarla con la época en que tuvo lugar el suceso, los setenta, y la decisión tiene mucho de homenaje a películas que directores como Pakula o Lumet hacían entonces, en una especie de ingenuo cine político. Eran esas historias de héroes anónimos, frágiles y valientes ( magnífico Bill Skarsgard ) a los que a todos nos gustaba admirar. 

Además, utiliza un montaje con imágenes aparentemente grabadas o retransmitidas a través de diferentes medios, señalando con ello la importancia que tenían entonces los medios de comunicación convencionales. Cuando estos eran limitados, escribían la Historia.

Con ello, el resultado es curioso, divertido y eficaz. Van Sant no pretende emular ni darle solemnidad al homenaje. Tampoco ironiza aunque utiliza el humor como distancia. Una vez más nos trae una propuesta cerrada en si misma, fondo y forma. Personalmente disfruto mucho el resultado. Y creo que en ocasiones, retomar ese ingenuo mensaje que entonces podía calar en la sociedad, sería buen ejercicio para la reflexión.            

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