Director.-
Juan Mayorga
Intérpretes.-
Adriana Ozores. Loreto Mouleón. Jesús Barranco. Miguel Hermoso.Joserra Iglesias. Mariano Llorente.
Que Juan Mayorga es nuestro dramaturgo más relevante hoy día, es para mi una certeza. Me gusta mucho su capacidad para estructurar narrativamente las obras que escribe, admiro el rigor que siempre ocupa sus textos, su falta de frivolidad incluso cuando nos ofrece un simple juguete, eso sí, muy sofisticado, como es el caso de Los Yugoslavos. Eso no quiere decir que me gusten todas sus obras por igual o que conozca su catálogo entero, pero me ha sorprendido muchas veces y en ocasiones me ha hecho pensar.
Porque el autor conjuga obras más o menos históricas con otras que son pura ficción pero siempre hay en ellas un sustrato filosófico. De hecho, la que creo que es mi favorita, El Golem, alcanza un nivel de reto intelectual tan enriquecedor como complejo.
Desde que está a cargo del Teatro Abadía, anualmente tenemos la suerte y la seguridad de contar con un estreno suyo. Pero según he leído, en muchos casos son piezas anteriores, por lo que sería un error analizarlas desde la evolución. Baste decir que El jardín quemado nos demuestra que Mayorga, ya entonces, estaba preocupado por las grandes preguntas que se hace el ser humano e interesado en compartirlas a través del teatro.
La acción se sitúa en una isla, un enclave que podría estar al margen del mundo. Allí se encuentra San Miguel, un manicomio donde la Doctora Garay cuida, con métodos poco ortodoxos, de un grupo de enfermos como si fuese su familia.
Todo comienza con la llegada de otra doctora. Lo que en el inicio parece una investigación académica pronto se convierte en algo mucho más complejo y peligroso.
Es cierto que posiblemente esta sea una de las obras de Mayorga con más carga filosófica y, consecuentemente menos acción. De todas maneras, el autor consigue trasladarla con aire de thriller histórico, aunque terminemos superando nuestra curiosidad y entendiendo que lo verdaderamente importante hoy día no es lo que ocurrió entonces.
Además, frecuentemente navega por la poesía. Eso hace que, en alguna ocasión, exista cierto desconcierto cuando entendemos que la acción se ha detenido y está haciendo círculos en un lugar que no sabemos lo que aporta al conjunto. Pero en la visión global de la obra no podemos dejar de sentirnos atrapados por su inteligencia y su belleza, y también por supuesto, por aquello en que nos hace pensar.
¿Es tan importante la realidad? ¿ no pueden condicionar el presente y el futuro lo que fue el pasado, cuando tenemos asumido que sea al revés? ¿es tan importante la memoria? ¿ quienes son las víctimas y quienes los verdugos?. A pesar de cierta abstracción muy bien buscada, las referencias a nuestra propia Guerra Civil y a nuestra historia son claras. Y es ahí, frente a la memoria histórica, donde Juan Mayorga se atreve a plantear las preguntas.
Dirigiendo su propia obra, el autor extrae lo mejor, convirtiéndola en una especie de cuento en la niebla con mucho de juego. Le ayudan un grupo de actores muy capaz capitaneado por la siempre magnífica Adriana Ozores; aquí sólo tengo un problema: no es fácil declamar un texto que en muchas ocasiones son ideas, si bien Ozores lo consigue, me parece que el resultado no es tan perfecto en Loreto Mouleón, y siendo uno su personaje uno de los puntales del drama, se nota.
El jardín quemado se mueve en un estadio donde la locura es algo así como la penetración en otra realidad, creada a partir de materiales reales pero capaz de invitarnos a sobrevivir. Quizás podamos nosotros también y quizás sea la forma adecuada de vivir; posiblemente la más libre. ¿Quién puede erigirse en juez?. Llegar a conclusiones sobre todas las preguntas que hemos planteado en esta entrada posiblemente sea algo impensable, pero Mayorga ha convertido el intento de buscar respuestas en un ejercicio apasionante.

Comentarios