Penguin
250 páginas
Disponible en ebook.
Hay títulos que dicen mucho de una novela. Creo que en este caso, nos trasladan cual es el sentimiento del autor hacia la pareja de protagonistas. Para Denis Johnson, Jamie y Bill son ángeles. Ángeles caídos, ángeles proscritos y tristes, posiblemente expulsados del paraíso. Pero ángeles a fin de cuentas, y por ello les regala su ternura.
La historia que nos cuenta, comienza cuando Jamie decide abandonar a su marido y, sin destino fijo, embarcarse con sus dos hijas, un bebé y otra de seis años, en un largo viaje en autobús hacia la libertad. Será en ese viaje donde conozca a Bill, un nómada heredero de los hombres sin hogar que siempre han cruzado los Estados Unidos de América.
Su relación no puede ser lineal ni convencional, ambos son supervivientes y confiar no es para ellos una reacción inmediata, pero cada uno terminará encontrando en el otro esa salvación que ofrece saber que, por lo que sea, nos aman, aunque sea de una forma extraña.
La novela fue escrita en 1970, cuando el sueño americano recibía como respuesta su reflejo en pesadilla. Nuestros protagonistas forman parte de esa raza para los que el futuro es territorio ignoto y vivirán las zonas más oscuras del país, en los estratos más miserables de la sociedad. El alcohol y las drogas por supuesto, los abusos, la familia como colección de heridas, la necesidad de dinero, el deseo de tenerlo para poder tener una vida segura. la locura y la crueldad de las instituciones mentales, y, finalmente, la cárcel y la necesidad de seguir caminando.
Y ese viaje, con mucho de carretera, moteles y ciudades nocturnas, estará lleno de dolor, incertidumbre y errores. Y mucha desesperación por seguir siendo capaces de sobrevivir. No creo que Ángeles sea tanto una novela negra como una crónica social.
Johnson escribe en carne viva. Como una ametralladora. Así empieza y así continua, troceando información, sorprendiendo, evitando simetrías y orden pero avanzando con paso firme. Lo increíble es que en medio de ese aparente caos, las últimas páginas alcanzan una hermosa serenidad, como si la sabiduría fuese el fruto de aceptar finalmente que, en la mayoría de ocasiones, la vida tiene sus propias normas.
O quizás... como si al final, uno de los ángeles hubiese sido capaz de alcanzar el cielo. Y eso, fuese una fuente de esperanza para los demás. Esa esperanza que sólo puede darles un escritor que haya decidido pelear por devolverles su dignidad.
Ángeles es una novela terrible, e increíble también, porque lo es el hecho de que la belleza exterior e íntima, pueda romper cualquier obstáculo para filtrar un poco de luz.
Público

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