Silex Ediciones
95 páginas
Siempre he pensado que, en ciertos libros, ser escritor del texto de la contraportada es una profesión cuando menos ardua. Son muchas las ocasiones en que me los imagino devanándose los sesos para encontrar una percha desde la que crear un resumen de mínimo tamaño y gran atractivo. Otras, tras leer el libro, me dejan con la sensación de que quien no lo ha leído es él o ella.
En este caso, quizás me equivoque, pero creo que el texto es del propio autor y, sorprendentemente, es una prolongación del propio libro al que no pretende ni explicar ni justificar. Porque no se puede.
Empiezo diciendo que tengo la sensación, de que Después de Auschwitz es un libro tan complejo y tan rico que apela a la experiencia individual de cada lector, y además lo hace desde varios puntos de vista, por supuesto el histórico, también el literario y cinematográfico ( quizás convendría decir más ampliamente, el cultural ) y por último, el filosófico y humano.
El libro esta compuesto de varios textos bajo el paraguas común del Holocausto. Sería fácil utilizar para definirlo expresiones tan manidas como puzzle, mosaico... pero no va por ahí. Las piezas ni encajan ni se engarzan, cada una funciona con absoluta libertad, divagaciones, un cuento, extractos de entrevistas... y ninguna demuestra interés por una continuidad. Todas hablan de una forma u otra de la barbarie nazi, pero, aunque el cine siempre este muy presente, cada texto llega a él por un camino diferente y lo afronta de forma distinta.
Sin embargo sí forman un conjunto coherente, no sólo por su temática, sino por su esencia: en todas las piezas hay una sensación de búsqueda, el autor, a través de una idea, una imagen, una obra, avanza, en principio aparentemente sin brújula y con libertad, para reflexionar y contar sobre el asunto de referencia. En algún caso, sobre la dificultad de captar con imágenes el horror sin pervertirlo, en otros sobre la diferencia entre la muerte y la eliminación, y sobre muchos otros aspectos relacionados con ese momento de la Historia.
Porque, en el fondo de todo esto, late un precioso ejercicio de reflexión sobre el paso y el poso del tiempo, sobre la importancia de los grandes acontecimientos pero fundamentalmente sobre los pequeños ( esa historia con minúsculas que es el andamiaje de la historia con mayúsculas ). En algunos momentos Rodríguez cita a Modiano, uno de los autores que adoro, y diría que, donde este narrador dibuja paisajes que parecen envueltos en la niebla de la memoria, el ensayista los cruza con flechas de lucidez buscando la materialización de las ideas.
El conjunto me resulta apasionante, además es erudito en referencias. No es impositivo en ningún caso, nos pone en camino pero cada uno es libre de llegar hasta donde quiera. Y, sobre todo, me parecen pequeños artefactos tan perfectos cada uno, como sorprendentes.
Después de Auschwitz o, para ser más claro, después de Después de Auschwitz, cambio mi forma de mirar algunas cosas y avanzo un escalón en el nivel de reflexión sobre esa época brutal de la humanidad. Pero lejos de las representaciones dramáticas que conocía hasta ahora, lo asumo con una densidad mayor que amplía el espectro de lo ocurrido fuera del tiempo y el espacio, eliminando lo anecdótico e impulsando una reflexión más abstracta y compleja sobre el ser humano y la forma de representar y conocer su existencia y su legado.
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