Italia 2025
Alba Rohrwacher. Francesco Carril. Sarita Choudhury. Elio Germano. Silvia D'Amico. Galatea Bellugi. Sofia D'Elia.
Soy incapaz de encontrar una línea común al cine de Isabel Coixet más allá de la belleza de sus títulos. Lo sorprendente es su internacionalidad y el nivel de estrellas que han trabajado a sus órdenes.
Personalmente tengo un problema. Aquellas de sus cintas que, en su primera época, contaron con una mejor acogida, son las que menos me gustan ( Mi vida sin mi y La vida secreta de las palabras ), mientras que entonces me sorprendieron otras como Mapa de sonidos de Tokio y Ayer no termina nunca. Y de los últimos años, considero destacables otras como Nadie quiere la noche y Un amor ( esta magnífica ) con las que la crítica no ha sido complaciente.
Con Tres adioses, tengo la sensación de estamos ante una de sus películas más personales, de ese romanticismo de sus primeras cintas como Cosas que nunca te dije, A los que aman o Mi vida sin mi ( aunque mucho más sincera ). Con esta última coincide en el asunto central: una mujer que acaba de ser abandonada por su pareja después de siete años, tendrá que afrontar la sentencia de muerte de una enfermedad terminal. Lo que en su primer acercamiento hace años me sonaba artificial, aquí fluye con absoluta naturalidad. Eso no supone renunciar a los juegos encantadores a los que Coixet nos tiene acostumbrados.
Veo a la directora apelando a una apuesta aparentemente ingenua por el amor y la vida, contando para ello con la complicidad de una maravillosa Alba Rohrwacher, y envolviéndolo todo en la belleza de una Roma exenta de tópicos. Mantener la historia de amor al mismo nivel que el descubrimiento interior de la protagonista, es lo que hace que en algún momento el foco gire hacia su antigua pareja; lo que podría parecer una distorsión para mi funciona retratando lo incomprensible de la atracción mutua y la imposibilidad del olvido. El amor no siempre significa pareja.
La película va creciendo con serenidad, avanza poco a poco y así llega a un final que, tras uno de los besos más hermosos vistos en el cine, es una absoluta preciosidad. El epílogo juguetón nos traslada con sencillez el mensaje, que no es otro que la necesidad de vivir con tranquilidad sin buscarle explicaciones a todo.
Personalmente creo que Coixet firma una de sus mejores películas, una caricia, y tengo la sensación de que ella lo piensa también.
Público

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