CINE: LA TARTA DEL PRESIDENTE de Hasan Hadi

 

Irak 2025

Baneen Ahmad Nayyet. Sajad Mohamad Qasem. Waheed Thabet Khreibat. Rahim Alhaj. Muhamma Malaghi. Ahmad Qusem Saywan. Mayfham Mreidi.

Muchas veces he hablado aquí de la importancia de que el cine y la literatura destinados a niños y jóvenes cumpla unos básicos de calidad que no son otra cosa que el respeto merecido por cualquier público, tenga la edad que tenga.

Subiendo un escalón, son especialmente loables, aquellos creadores que utilizan sus obras dirigidas a los jóvenes para introducirlos en el arte y en el pensamiento crítico. Mark Twain nos enseño hace mucho con Huckleberry Finn, que desde una novela aparentemente de aventuras infantiles podía construirse una importante crónica y reflexión sobre el racismo.

A partir de ahí, con muchos los que han seguido este camino. Quizás en literatura reivindicaría la tetralogía de Henning Mankell, iniciada con El perro que corría hacia una estrella, a la altura de su obra policiaca.

Y en cine, creo que coincido con Hasan Hadi, porque está claro que en su infancia él, como yo, se quedo atrapado en El globo rojo, ese mediometraje mágico de Albert Lamorisse que, con tanto cariño y de forma tan explícita, homenajea en La tarta del presidente

La historia que nos cuenta se desarrolla en un Irak atenazada por las sanciones extranjeras y el abuso de la dictadura de Sadam Husein, un caudillo endiosado hasta la paranoia y que ha tejido a su alrededor una red de terror y servilismo, del que pueden ser víctimas hasta los más pequeños. Un profesor no sólo puede permitirse robarle una manzana a una alumna sino que también tiene la capacidad de condenar a tortura a ella y a toda su familia.

En ese entorno, todo se complica para Lamia, que sobrevive con su abuela en una casa barco construida de paja, cuando por sorteo en su clase, le toca ocuparse de preparar la tarta para el cumpleaños del presidente.

Para adquirir los ingredientes necesarios, viajará con su abuela a la ciudad, donde, con un amigo de su misma edad, correrá las aventuras necesarias para poder cumplir con su obligación, en un alarde de imaginación y picaresca, mientras a su alrededor se desborda la corrupción y la miseria de un país abocado al egoísmo y el pillaje como únicas armas para la supervivencia.

Como en las obras ejemplares de este género, el autor equilibra a la perfección una delicada ternura con cierto humor y la tristeza de la pérdida al tener que dar los primeros pasos hacia el mundo adulto. Además, Hasan Hadi es capaz de captar la belleza del entorno ( está claro que ama a su país y a sus gentes aunque no a sus gobernantes ) para contarnos esta historia desde la transparencia y con una caligrafía que dice mucho sobre su capacidad de contar en imágenes ( la escena del gallo y la mezquita es un prodigio de inteligencia ). 

El resultado es una maravilla. Una película encantadora que además cumple con objetivos muy relevantes hacia un público joven: acercarles a la diversidad de otras culturas y la dureza de otras vidas, descubrirles que el cine de lugares remotos también puede resultar tan apasionante como una cinta de superhéroes, y recordarles el valor del esfuerzo.

Al final, sí hay una triste constatación, materializada en esas miradas en las que los dos protagonistas intentan refugiarse: ocurra lo que ocurra, sea cual sea la causa, exista o no legitimidad, las primeras víctimas de la guerra siempre son los niños.

Público

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