USA 2025
Evan Jonigkeit. Shia LeBouf. Chris Bauer. Dominic Hoffman.
Me gustan mucho las primeras obras de David Mamet como dramaturgo, especialmente Glengarry Glenn Rose, American Buffalo y Oleanna.
De su trabajo cinematográfico conozco alguna dirección aislada y varios guiones.
Siempre he pensado que es un autor singular con un lenguaje propio y una forma única de escribir, como si en lugar de un lápiz utilizase una metralleta. Es compacto, escueto, en esas obras no sobra nada, y tampoco tiene ningún interés en hacérselo fácil al espectador/ lector; lo trata como a alguien inteligente y a su altura . Su producción es un magnífico ejercicio intelectual.
Sin embargo, en sus últimas obras, especialmente en Noviembre, tuve la sensación de que había perdido aspereza. Incluso de que, inesperadamente, ese extrañamiento que alguna vez me recordó a Beckett, viraba hacia el humor.
Una vez más, en Henry Johnson, dirige una de sus obras. Lo hace con un modelo teatral sin pretender otra cosa que llevar a la pantalla un texto dramático.
Y ese texto, supone en mi encantada opinión, una vuelta a los orígenes. Su protagonista es un abogado que, por intentar ayudar a un compañero de universidad, verá como su existencia se hunde. Sin contar nada, en una trama donde cada acto comienza en un espacio y situación inesperados, sí diré que el destino del protagonista continuará siendo dirigido por su necesidad de sentirse necesitado por los demás, de ser valorado, de fascinarse por personalidades más potentes que la suya.
Mamet crea cuatro actos perfectamente distinguibles. Cada uno de ellos, un diálogo entre dos personajes sobre algo que ha ocurrido fuera de foco. Y es aquí donde el escritor demuestra algo que ha sido su signo distintivo en sus buenos años: que la palabra es una herramienta de construcción, para crear una obra, un diálogo ( siempre perfectos ) una historia, pero también un pensamiento, una forma de ver el mundo.
Como hizo en sus mejores obras, el autor crea material para debate. Sobre el aborto, el abuso y la hipocresía que existe en muchas valoraciones teóricas, sobre la capacidad de reinserción de las instituciones penitenciarias, sobre el bien como componente natural del alma humana ( algo sobre lo que Mamet siempre ha mostrado sus dudas ). Y a mi personalmente, me resulta apasionante ir dejándome llevar en esta narrativa sorprendente que en ningún momento consigo presentir.
Analizar Henry Johnson no es tanto hacerlo sobre la película como sobre el texto, ya que esta sólo tiene como objetivo trasladar la obra dramática primando el detalle de las interpretaciones con el primer plano. Y desde ese punto de vista, a mi me parece un regreso a los orígenes de un dramaturgo que ha sido un puntal relevante en el teatro norteamericano.
Para mi, Mamet a vuelto a su esencia. No porque sea incapaz de evolucionar sino porque regresa a lo más universal de su obra. Y a quienes nos fascinó entonces como algo nuevo, sigue enganchándonos con su inteligencia y su lucidez.
Público

Comentarios