Director.-
Javier Molina
Intérpretes.-
José Luis García Pérez. María Adánez. Ana Garcés. Pablo Bejar. Francesc Galcerán. Rodrigo Poison. Manuel de Andrés. Pedro Orenés.
Cuando salía con una amiga de disfrutar de esta versión del texto de Miller en el Teatro Fernán Gómez lo dije: que bien escritas están estas obras. Puede discutirse su actualidad o como hayan envejecido, obviamente no todas están al mismo nivel, pero es innegable que son ejercicios perfectos de arquitectura dramática, modélicos en como desarrollar una trama narrativa y como crear personajes complejos.
No es la primera vez que veo esta, para mi una de las que convierten a Miller en un clásico. La historia tiene lugar en los muelles de Nueva York, entre inmigrantes italianos que luchan por salir de la pobreza. Eddie Carbone es un buen hombre, sin duda. Vive de su esfuerzo con su mujer y su sobrina en una casa, su casa como repite tantas veces, que marca la línea de su orgullo, Cuando dos ilegales, parientes lejanos, vengan desde Europa contando con su ayuda, tendrá que enfrentarse a cosas que ni siquiera es capaz de decirse a si mismo.
La propuesta de Molina me gusta mucho. La escenografía es estricta y suficiente. La idea cinematográfica de combinar proyecciones nos acerca más a los personajes, permitiéndonos ver su gesto. Los movimientos entre el patio de butacas y el escenario, sacan lo mejor de una sala cuyo volumen no siempre es cómodo de manejar. Puede faltarle quizás algo de fuerza cuando el drama se convierte en tragedia pero la coreografía tiene algo de simbólica.
Y, como decía al principio, el texto es magnífico. Y lo importante es dejar que se oiga y conseguir que se diga bien. Es fundamental el trabajo de los actores. En este sentido, hay sobre el escenario un grupo homogéneo con interpretaciones potentes de García Pérez y de Ana Garcés, pero personalmente, quien me gana totalmente es María Adánez, que ya ha dejado de ser hija para hacer papeles de madre, con una profesionalidad que, tengo que reconocer, no me esperaba del todo, en ella se resume todo el dolor y el silencio de estas vidas sin futuro que Miller retrata tan bien.
Siempre me gusta volver al buen teatro de texto, agradezco el respeto a las obras que es es respeto al público, y me confirma que si los clásicos lo son es por algo. Estoy seguro de Panorama desde el puente es una obra que seguirá representándose por toda la eternidad.
Público

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