Anagrama
112 páginas
Disponible en ebook
Cuando a Modiano le concedieron el Premio Nóbel yo no lo conocía. Comencé a leerlo y me convertí en un rendido admirador. Me fascinaba su capacidad de empapar sus narraciones en el recuerdo; era como si una vez escritas, las sumergiese en un cántaro lleno de nostalgia. Su prosa tiene una textura singular, suave y neblinosa. Pero, tras muchas lecturas ( la mayoría de ellas aquí comentadas ), llevaba tiempo sin acercarme a él.
La Bailarina nos ofrece un Modiano extremo. Más breve de lo habitual. Construido totalmente desde el recuerdo y, posiblemente aunque nunca se explica, desde la suposición del "recordante". No se explica porque nada se explica en esta ¿narración? a pedazos, con texturas de historias, asomos de clásicos y una atmósfera noir. Pero si en otras novelas suyas el misterio estaba siempre latente ( nadie sabe lo que hay de verdad en el recuerdo, y ningún recuerdo es tan preciso como para dar todas las pistas ), aquí la propuesta es un misterio en si mismo y no hace ningún intento en contenido para hacerse cómodo. Al mismo tiempo, multiplica la delicadeza de su prosa y lo atractivo de su construcción de imágenes. Si no fuese una comparación tan manida, diría que La Bailarina se asemeja más a la poesía que al relato.
Hay un hombre que no sabemos quien es y que desde el presente, se asoma al pasado tras transitar entre fantasmas que no sabe si son quienes él cree o ni siquiera si él es quienes creen ellos. De entonces recuerda una figura hermosa y grácil, madre de un hijo, volcada en el arte de la danza y también con sus propios fantasmas. Hay también un amago de mafioso, un profesor genial, un amigo, una casa.... Y posiblemente, ni este narrador desconocido sepa con certeza que hay de cierto en lo que él piensa que fue ni si la fascinación que sintió por esa mujer y ese entorno brillante y oscuro, tenía algo de amor.
El resultado me parece una preciosidad, un cuadro fascinante y valiente.
Como he dicho antes, he leído muchos muchos libros de Modiano, con esos títulos siempre sugerentes. Y los guardo en mixtura en mi memoria, con la imperfección del recuerdo. Quizás ese sea mi mejor ejemplo de fidelidad a su autor: rememorarlo con la misma esencia incompleta con la que él construye sus hermosas narraciones.
Público

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