Acantilado
490 páginas
Disponible en ebook
Creo que para Krasznahorkai ( no volveré a escribir el apellido ), la literatura es un ejercicio complejo que requiere esfuerzo, lo exige al lector como respuesta a un trabajo riguroso y atrevido por su parte. Por eso, su lectura no es algo fácil, pero si asumimos el compromiso y nos decidimos con ganas y tiempo, la aventura puede resultar apasionante. En mi caso lo ha sido. También tengo que aclarar que me lo he tomado con calma, combinándolo con otros libros más ligeros, la mezcla ha resultado perfecta.
Comenzaré diciendo que, por encima de todo, El barón Wenckheim vuelve a casa es un brutal ejercicio de narrativa. No hay una página, un párrafo, que no cuente algo. Hay, eso sí, una línea argumental central ( aparentemente ), pero a medida que avanza, llegamos a pensar que es una excusa para todo lo que le rodea y, finalmente, estalla de libertad, en apariencia tomando sus propias decisiones para convertirse en algo totalmente diferente.
Intentando buscar cierta coherencia, contemos que todo comienza cuando a una ciudad húngara, llega la noticia de que pronto regresará un barón ya anciano que ha pasado sus últimas décadas en Argentina. Se supone que vendrá cargado de dinero y con ganas de invertirlo en su pueblo natal, donde vivió su juventud. Sin embargo, la realidad es muy diferente, el barón es un antiguo aristócrata arruinado. De cara a darle la bienvenida, las fuerzas vivas han preparado un fastuoso recibimiento hasta el ridículo pero nada saldrá según lo previsto.
Todo esto está contado en densos párrafos formados casi por una frase cada uno, con múltiples voces que expresarán su intervención o visión en diferentes situaciones, y así, con esas pequeñas piezas, se irá construyendo esta novela grande donde se retrata un país perdido entre el pasado, el presente y el miedo al futuro. Porque el barón, aparte de generar la codicia de muchos, genera también una descarada catarata de orgullo patrio, rememorando la grandeza de otros siglos. Y, todo ello, se presenta en un tono de irónica distancia, como un ejercicio de crítica social desde el profundo conocimiento que L.K tiene de su nación.
Lo cierto es que ya en ese inicio, cuando la narración parece ser mínimamente convencional, hay otra historia, la del Profesor, que tiene su propio espacio y funciona de forma casi autónoma. Quizás nos prepara para el inesperado final, cuando el relato parece mutar en una oscura historia apocalíptica de imaginación desbordante y, por supuesto, igual de apasionante que el resto.
Hay muchas cosas en este libro, tiene sus propias reglas y funciona como una entidad singular, casi un ser vivo. Es profundamente literario. Y, ya lo he dicho desde el inicio, exigente, pero también totalmente gratificante. No quiero tampoco hacerme el valiente, antes de volver a dedicarme a alguno de sus libros, tomaré aire, tengo ganas de hacerlo, pero soy consciente de que tengo que evitar el empacho. También sé que será otra acentura.
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