EXPOSICIÓN: EL OJO QUE ESCUCHA de Vilhelm Hammershoi

 

Museo Thyssen Bornemisza

Con la colaboración de la Kunsthaus Zurich

Siempre he pensado en Hammershoi como un pintor literario, posiblemente se deba a que uno de sus cuadros ocupaba la portada en la edición de Alianza Editorial para  Eherengard ( Karen Blixen ). También era frecuente ilustración en muchos otros libros.

Pero hay más. Sus cuadros me remiten a estados silenciosos de intimidad, de vacíos que tantas veces se acompañan con una buena lectura, momentos de melancolía perfectos para saltar a otros mundos o para refugiarse entre la luz tamizada y el silencio.

Además, encuentro historias en cada cuadro. De mujeres abandonadas entre cuatro pareces con una misión inferior a sus capacidades. De familias que ya no habitan esas habitaciones en las que entra la luz del sol o de puertas que se entornan en un camino que veo más propenso a cerrarse que a abrirse. Esos misterios que tantas veces forman parte de las vidas que no conocemos y contemplamos a cierta distancia.

Su belleza no es clara ni transparente, nos atrapa en la penumbra y parece indiferente a nuestra percepción.

Y no puedo evitar que esa belleza me remita a muchos otros narradores de distintas disciplinas, a Bergman, a Ibsen y a Strindberg, a Mahler, a Henry James.... Y por supuesto a Edward Hopper, el amigo americano, aquel que también utilizó el silencio en un continente lejano para recordarnos en su maridaje que los sentimientos del ser humano son algo universal.

No sé si lo he dicho, pero El ojo que escucha es una maravillosa exposición donde, además, nos descubren otras facetas del artista, magníficos paisajes, exteriores arquitectónicos, aunque para mi será siempre el que decidió mirar hacia adentro. 

Público



Comentarios