Dirección.-
Hector Urién.
Intérprete.-
Hector Urién
Al comenzar este espectáculo, Hector Urién se presenta. En
su repertorio, además de este Quijote, hay otras grandes obras (novelas y obras
de teatro) convertidas en monólogos de no más de una hora. Y su referencia son
otros actores/ autores como Roberto Benigni y Dario Fo. Pues bien, tengo que decir
que para mi esta es la esencia más tradicional y noble de lo que son los
cómicos:
Una persona capaz de coger un texto hasta entonces sagrado,
quitarle el polvo, hacerlo suyo y contarlo, sobre todo contarlo, y en este
viaje, establecer una relación de complicidad con el público, herederos de
aquellos que antaño, en pueblos abandonados, debían a estos personajes la
ampliación de los horizontes de su imaginación.
Urién, desde el primer minuto, consiguen que nos
comprometamos con él en esta narración, que seamos parte, que le ayudemos, que
estemos ahí. Es brillante, divertido y cercano. Simpático, capaz de
singularizar cada representación metiendo entre las páginas anécdotas
personales de otras funciones y riéndose con nosotros. Es capaz de ser varios
personajes, sólo con la voz y pequeños gestos, y cada pedazo de historia está
llena de pequeñas referencias como un suspiro o el roce de una puerta, donde
nos hace hueco para que juguemos con él.
Pero además, su relación con el texto es magnífica: es
difícil reducir el Quijote a ese tiempo, hay que hacer una buena elección de
capítulos y darle el suficiente color para que no parezcan viñetas, hilvanarlas
también de cara a que la elección o parezca aleatoria. Urién lo hace, y además
incluye, desde la distancia del narrador, cierto nivel de reflexión que
comparte con nosotros en lo que se refiere al contenido de la obra, su
escritura, su significado… ( el bonus track sobre el traslado del muerto es genial
).
En definitiva, el espectáculo es una gozada, una fiesta que
alcanza mucho mayor sentido cuando, el tiempos de arrebato tecnológico,
volvemos a la palabra, a la ternura de los sentimientos de verdad y a la
textura de lo artesano. Y además desde el respeto absoluto al texto original.
Cervantes habría disfrutado, estoy seguro, y luego ya tendríamos tiempo de
discutir si de verdad Alonso Quijano estaba loco….

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