TEATRO: GIGANTE de Mark Rosenblatt

 


Director.-

Josep María Mestres

Intérpretes.-

Jose María Pou. Victoria Pages. Pep Planas. Claudia Benito. Aida Llop. Jep Barceló.

Conocí los libros de Roald Dahl gracias a mis hijas. Lo que era una revisión de un autor para asegurarme de que era recomendable para su edad, se convirtió en afición propia y me tragué prácticamente todos sus libros. Disfruté muchísimo con su irreverencia, su bofetada a lo políticamente correcto, su libertad y su inagotable imaginación.

La obra de Rosenblatt se centra en el personaje fuera de su ámbito creativo. En concreto con ocasión de la amenaza de cancelación que sufre como consecuencia de una crítica literaria en la que ha vertido comentarios sobre el estado de Israel considerados antisemitas. Su editor británico y una representante de la editorial en USA, lo visitán para intentar convencerlo de que colabore a normalizar la situación con una disculpa. Y ellos tres y la mujer con la que convive en esos momentos, compartirán una tarde en la que saldrá a la luz, entre otras muchas cosas,  la fragilidad de cualquier posición en debates tan complejos y sensibles.

Entrar en el contenido concreto, tan trágicamente actual hoy día, daría lugar a otro tipo de comentario. Por lo que se refiere a la obra, es teatro de texto muy bien escrita, medida en tonos, información y ritmos. Quizás sus casi tres horas podrían prescindir de unos diez minutos en la segunda parte, pero es algo menor. Todo transcurre orgánicamente con absoluta naturalidad y sin altibajos.

Y en el centro de todo, el retrato de un personaje con la bipolaridad y grandeza de los genios, un hombre egoísta y generoso, provocador y rebelde, adulto e infantil, tan necesitado de amor como, en ocasiones, incapaz de apreciarlo, tan bondadoso como cruel. Otro debate que podría resultar de la visión de la obra sería la separación entre obra y artista.

Mestres entiende a la perfección que con este material lo fundamental son los actores. Contar con José María Pou y regalarle esto es un triunfo seguro, él si es un gigante y es imposible encontrar un sólo segundo en que esté fuera de su personaje, Pero esa profesionalidad entre la contención y los matices, se contagia a todo el resto del reparto, formando un conjunto excelente.

Gigante es teatro de siempre. Muy bien escrito y puesto en pie, y capaz de divertir, entretener y sorprender haciéndonos pensar. Ese teatro que siempre existirá, y siempre desearemos. Lo confirman las entradas agotadas para todas las funciones y los merecidos aplausos interminables. Que alegría vivir esto en una sala.

Público

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