TEATRO: EL ESCONDIDO Y LA TAPADA de Pedro Calderón de la Barca

 

Director.-

Beatriz Arguello

Intérpretes.-

Sam Arribas. Jordan Blasco. Luis Espacio. Laura Ferrer. Zoe de Fonte. Diego Garisa. Belén Landaluce. Julio Montañana Hidalgo. Gabriel de Mulder. Anna Nácher. Andrea Real. Andrea Santos

Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Si cuando Adolfo Marsillach creó en su día la Compañía Nacional de Teatro Clásico, ( uno de los proyectos teatrales más importantes y exitosos de nuestro país ) uno de sus principales objetivos era el acercamiento de los textos del Siglo de Oro a nuevos públicos, La Joven habría sido sin duda la culminación de ese deseo.

Dentro de la asentada programación de cada temporada, siempre hay espacio para que esta rama de la compañía, nos haga disfrutar con un montaje que siempre destaca por su frescura, su vitalidad y sus ganas de convertir el teatro en una fiesta. A ella le debemos representaciones tan exitosas en los últimos años como La discreta enamorada o El monstruo en los jardines.

Quizás El escondido y la tapada, donde Calderón parece autoinspirarse en La dama duende, no sea una de las comedias más conseguidas de su autor. Muy bien planteada en un inicio, con lances de honor y muerte y amores confundidos, avanza hacia un enredo que no termina de ser farsa aunque se acerca. Concentrada en el interior de una casa fundamentalmente, hay entradas y salidas, confusiones de identidades y amenazas inesperadas. Pero tal vez falte la perfecta precisión que sí hemos visto en otros textos.

También es cierto que la dirección de Arguello, consigue una magnífica interpretación de todo el conjunto de actores aunque echo de menos cierto orden en el desorden de coreografía. No sé si ayuda el encantador escenario de casa de muñecas desmontable, sí se que aporta mucho el precioso vestuario.

Con todo, este Calderón, triunfa en el Teatro de la Comedia y nos ofrece momentos muy divertidos, consiguiendo llenar la sala no sólo de público sino también de carcajadas y aplausos. La Joven sigue pues avanzando, Marsillach podría estar satisfecho. Y Calderón también.

Público

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