Random House
320 páginas
Disponible en ebook
Lo comentaba en mi entrada sobre La clase de griego: las novelas de Han Kang son, en inicio, fáciles de encajar en géneros reconocibles cuando uno comienza a leerlas, y sin embargo, consigue siempre, siguiendo una estela estructural común, concluir siempre algo totalmente diferente a lo que antes otros han hecho.
En el caso de Tinta y sangre, nos encontramos con un thriller psicológico de protagonista ausente. Jinsu fue una pintora reconocida que dejó a su alrededor una herencia de incomprensión, incluso para quien fue, durante gran parte de su vida, su mejor amiga. Ahora esta se verá obligada a enfrentarse al interés de un extraño por su vida y por su obra, incurriendo en lo que ella considera injustas afirmaciones sobre su muerte. El viaje le llevará a un pasado con muchos rincones todavía en la oscuridad.
Kang construye un puzzle con diferentes piezas, desde su obsesión con la soledad del individuo y con la muerte, y lo enmarca en una visión cósmica mucho más amplia que dibuja la existencia como una concepción compleja, inmensa y difícil de comprender, en la que sólo ocupamos con nuestros pequeños dramas, una minúscula fracción. Asumiendo que el germen de la locura tal vez sea una forma peligrosa y visionaria de acercarse a la inmensidad, quizás al resto sólo nos quede como respuesta, la aceptación y la admiración ante el milagro.
No quiero confundir con el párrafo anterior trasladando la sensación de que Tinta y sangre es una propuesta abstracta. Kang es una narradora solvente y meticulosa y es el lector el que elige hasta que nivel quiere profundizar en su historia.
La prosa de la autora también es un elemento relevante en la construcción de sus historias, incluso más imprescindible en este caso, por su condición pictórica. Las palabras se unen para materializar sensaciones y darle cuerpo a imágenes externas que tendrán entonces el poder de impulsar nuestras sensaciones. Por encima de todo, existe una belleza que cubre de forma sutil sus páginas y que proporciona una ligereza que nos libra de la peligrosa densidad de sus pensamientos.
Me cuesta y me encanta escribir sobre la obra de Han Kang. Creo que está tan ajena al ruido que es necesario tratarla con una delicadeza especial para no romper nada y poder transmitir lo que supone. Supongo que me quedaré lejos, pero, en cualquier caso, espero que este texto breve consiga transmitir mi fascinación con una voz diferente, libre, humilde y valiente. Muchas cosas para no estar agradecido.
Público

Comentarios