Destino y varias editoriales
240 páginas
Disponible en ebook
Leí mucho ( y disfruté mucho ) a Carmen Martín Gaite en, por llamarla de alguna forma, se segunda temporada, la que, después de años de silencio, comenzó en Nubosidad variable. Este renacer incluye novelas como La Reina de las Nieves, Irse de casa y Lo raro es vivir. De su primera época había leído Ritmo lento y Fragmentos de interior y no me habían entusiasmado, eso no quiere decir nada, como he escrito aquí muchas veces, los libros tienen su momento.
Entre visillos fue su primera publicación que se estrenó, nada menos, que con el Premio Nadal en 1957. Leyéndola, me sorprende, no tanto porque no tenga calidad literaria, sino porque ofrecía un paisaje bastante amargo sobre la sociedad de provincias de esa época, y especialmente en lo que se refería a las mujeres.
La autora opta por una narrativa coral, destacando sobre todo a un grupo de mujeres de edades comprendidas entre los diecisiete y los treinta años, que viven vidas que han sido organizadas en función de unos principios y unas normas sobre las que no tienen nada que decir. Mujeres cuya existencia estará siempre suspendida en la de otros, primero sus padres, luego su novio o marido, y cubriéndolo todo, una sociedad que parece inamovible. El catálogo incluye a aquella que ha llegado a una edad en que nace el temor de quedarse sola, la que ha aprendido a manipular pero no a ser sincera consigo misma, la que aun puede salvarse, la que se entrega....
Entre la narradora omnipresente, surgen en algunos capítulos dos voces singulares, la de un joven procedente del exterior, que ofrecerá una mirada diferente, y la chica más joven, aquella que posiblemente esté más cercana a la propia autora. Los distintos cuadros se enlazan a través de las estrechas calles de la ciudad y en las habitaciones donde posiblemente las protagonistas puedan sentirse tan abandonadas como protegidas. Lo demás es una crónica íntima meticulosa, certera y a la que hay que agradecer que carece de cualquier atisbo de crueldad, rencor o sordidez; el dolor del que habla Entre visillos, es silencioso, triste y, posiblemente, la fuerza de la rebeldía sólo podrá llegar del ahogo.
Muchas veces, escribir aquí me ayuda a reflexionar sobre la obra. En este caso, pienso ahora que hay una carencia que comparte esta novela con las dos que citaba de su primera época y que, sin embargo, aparecía en Nubosidad variable y en las siguientes: el sentido del humor. Eso habría acercado más su obra a la de escritoras como Jane Austen; tiene su suavidad, su inteligente percepción y su capacidad de contarlo haciendo que parezca fácil.
En cualquier caso, con Martín Gaite, que me caía muy bien, siempre pienso que se fue cuando todavía le quedaba mucho por contar. Fue, en todas sus edades, una sincera cronista de las mujeres de su generación. Me faltó el final, me hubiese encantado escuchar su vejez que, estoy seguro, habría sido pacífica, generosa y vital.
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