CINE: GOLPES de Rafael Cobos

 

España 2025

Jesús Carroza. Luis Tosar. Teresa Garzón. Cristina Alcazar. Cristalino. Carlos Bernardino. Antonio Estrada. Paco Moras.

Golpes comienza con un triste prólogo. En él, dos niños tendrán que asumir la pérdida de su padre por no pensar como mandaban los cánones del país en tiempos de la dictadura. Años después, en la España cambiante de los ochenta, uno saldrá de la cárcel mientras el otro intenta adelantar su jubilación en el cuerpo de policía.

No tengo tan claro que Golpes sea tanto un ejemplo de cine negro( aunque beba de la textura de los clásicos )  como una mezcla emocional de historia fraternal y crónica histórica. Está claro que lo que más le interesa al director son sus dos personajes principales y la relación entre ellos; también realiza un excelente trabajo a la hora de retratar esa otra transición, alejada de las grandezas políticas o los alardes de la nueva libertad.

La película es ágil, tiene corazón y es imposible no sentir cariño por sus protagonistas. Además, el conjunto de intérpretes funciona a la perfección de forma homogénea. Para Tosar su papel no entraña demasiadas dificultades pero ¿cuándo se va a dar cuenta alguien de que Jesús Carroza es uno de los mejores actores que tenemos?.

Lo sorprendente, es que siendo Rafael Cobos guionista de muchas de las mejores películas españolas de los últimos años, sea precisamente en el guion donde están los principales problemas de su ópera prima. Me resulta difícil asumir la causa que lleva al personaje de Carroza a movilizarse; la historia entre Tosar y su pareja no está suficientemente explicada y, sobre todo, encuentro poco creíble una solución en el final que no contaré para no estropear la trama.

De todas maneras, sí está claro que es un director con una caligrafía personal, una forma de contar epidérmica y eficaz y corazón suficiente para contar una hermosa historia de perdedores y recordarnos que muchas veces es difícil encontrar a ganadores.

Espero que siga dirigiendo y que no tarde. Y también espero que esa playa del último plano, se convierta en paraíso.

Público

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