BIOGRAFÍA: LA LINTERNA MÁGICA de Ingman Bergman

 

Tusquets

320 páginas

Disponible en ebook

Descubrí tarde el cine de Bergman. La primera película suya que disfruté fue Fanny y Alexander cuando se estrenó en 1982. Poco tiempo después, llegué a Los Comulgantes y a Gritos y Susurros , ya muchos años más tarde, hice un ciclo por casi toda su cinematografía.

Desde el principio me sentí fascinado incluso sobre aquellos aspectos que no conseguía entender. Por un lado, estaba muy cómodo en la claridad de su gramática para contar historias y la libertad con la que afrontaba la narración. Por otro me atraía la meticulosidad con la que exploraba la contradictoria intimidad de los seres humanos, con la crudeza de la realidad. No muchas veces había escuchado de forma tan clara mostrar los peores sentimientos que podíamos tener, nuestros deseos más oscuros o nuestros miedos más vergonzosos.

Leer La linterna mágica era, de alguna manera, buscar sus explicaciones sobre su propia obra como una forma de acercarme más a su significado. Pero no es esto lo que está en esta autobiografía.

Muchas veces creo haber comentado aquí que, cuando un libro trata de contar la vida de una persona, su primera decisión es determinar lo que va a incluir y lo que va a excluir ya que sería absurdo pensar en alcanzarlo todo. Cuando la biografía, como en este caso, la escribe el propio personaje, esas elecciones ya nos dicen mucho sobre él.

Vamos por partes:

Estructuralmente, Bergman se remonta a su infancia más lejana. Combinará capítulos donde la narración de esos años, tan importantes para la lectura que hace de su vida, se cruza con otros donde, ya mayor, comienza a desarrollar su carrera, llega al éxito, se convierte en un personaje internacionalmente reconocido… Pero quizás esa mezcla, que se lee con total claridad, intenta decirnos que ese adulto es, por encima de todo el niño que fue.

De su obra hay apenas referencias, en algunos casos para apuntalar algunos episodios y más en lo que se trata de teatro que de cine. De hecho, hay comentarios muy críticos, casi despectivos ( llega a decir que El séptimo sello es una película irregular). Me deja la sensación de que la llama de la pasión creativa, en su caso, termina cuando se ha terminado la creación.

Lo que a Bergman parece interesarle ( al margen de un ajuste de cuentas dirigido a sus problemas con hacienda ), es cumplir, casi como un rito religioso en su compleja relación con Dios, con la penitencia de que conozcamos al personaje, sobre todo con sus sombras.

Así, nos cuenta sus ¿seis? matrimonios ( o relaciones ), apenas nos habla de sus hijos. Es muy poco generoso con mucha gente, incluso me llegó a crear rechazo por sus comentarios sobre colegas como Laurence Olivier o Ingrid Bergman. Pero creo que es todavía menos generoso consigo mismo. Tengo la sensación de que el Bergman que se escribe en La linterna mágica es un penitente.

Y llegamos al final. Tan doloroso y hermoso como puede ser cuando un adulto se vuelve niño y se enfrenta a su pasado para decir todo aquello que no dijo entonces, plantear las preguntas que nunca tendrán respuesta y aceptar esa parte miserable de si mismo que todos tenemos en mayor o menor medida y su impotencia. Creo que esos párrafos con su madre es de las cosa más sinceras y tristes que he leído en mucho tiempo.

Begman fue un niño en una familia dura, dominada por la hipocresía y el miedo, por eso o a pesar de eso, llegó a convertirse en un autor genial. Pero no por ello perdió su perspectiva o, en lo bueno y en lo malo. Hay momentos en que nos parece un soberbio, otras un absoluto egoísta, pero siempre, por encima de todo, lo que nos cuenta, y creo que nos pide, es que lo juzguemos sólo como lo que realmente es: un ser humano más. Y lo perdonemos.            

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