TEATRO: EL NUDO GORDIANO de Johnna Adams

 

Director.-

Israel Elejalde

Intérpretes.-

María Morales. Eva Rufo.

Me considero una persona abierta al diálogo, de los que piensan que, entre dos personas civilizadas y adultas, es imposible no alcanzar un punto de encuentro ante cualquier suceso. El nudo gordiano me hace dudar. Y creo que, además de servir como material de debate sobre la educación infantil, el texto, contundente y breve, de Adams, habla de eso.

Una profesora trabaja en el aula tras su jornada. Inesperadamente recibe la visita de la madre de un alumno, una cita que ella había borrado de su agenda convencida de que no se iba a celebrar. El muchacho se ha suicidado dos días antes. La visitante busca una explicación.

El diálogo que se desarrolla entre ellas es un perfecto ejemplo de como dos seres humanos en una situación intercambiable de defensa y ataque, interactúan entre ellos manteniendo siempre levantados escudo y espada, como parecen asumir sus responsabilidades aparentemente para descargar el mayor peso en el otro, como intentan nadar al sentirse ahogados en la culpa.

Hay por supuesto un fondo que permitiría una larga reflexión sobre la idoneidad de los sistemas de educación actuales, la libertad de unos frente a la seguridad de otros o las limitaciones de la censura impuesta por lo políticamente correcto, pero me resulta demasiado complejo para entrar ahora en ello.

Lo que más me atrae es ese largo camino en apenas ochenta minutos, hacia esa frase final que destruye cualquier paso que pensábamos haber dado en el camino correcto.

El texto es absorbente y doloroso. Gradúa perfectamente la información. Tengo un problema pero es personal: cuando, supongo que para dejar entrar algo de aire, la autora introduce mínimamente algo que podría llamar al humor, siempre hay público dispuesto a reírse, quizás les sirva para respirar un poco, para mi no es necesario y me saca de contexto. Pero, como digo, es algo menor.

Y con un material así, al margen de algún efecto bien colocado, lo único que hay que hacer es observar como dos actrices magníficas, nos regalan una interpretación única, brutal, contenida y matizada. Elejalde así lo entiende y deja que Morales y Rufo nos ofrezcan una inolvidable lección de teatro.

Público

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