Salamandra
380 páginas
Disponible en ebook.
Siempre he sido un devorador de novela negra, ya he dicho en ocasiones que me parece ( la buena ) un reflejo de la sociedad en ocasiones mas valioso que el realismo, en cuanto que bucea en las zonas oscuras. Pero además, me sirve para desengrasar entre propuestas aparentemente más densas.
Me gusta tanto que, posiblemente, cuando encuentro una joya, me entusiasmo a lo mejor en exceso, pero en cualquier caso, eso es lo que me ha pasado con Silencios que matan.
Jordan Harper sitúa la acción en Los Ángeles de nuestros días, un micromundo obsesionado con la fama y el poder, con el reconocimiento público y la posibilidad de ser el dueño de vidas ajenas. En ambos casos, el dinero o la violencia son sólo herramientas para alcanzar niveles inimaginables.
A partir de un asesinato en principio accidental y de una propuesta por parte de su jefe que no llegará a conocer, la protagonista, Mae Pruett irá avanzando en el descubrimiento de una situación, que le acercará al infierno. A su lado, Chris Tamburro, un antiguo policía, la acompañará en el viaje al que también él accederá por casualidad., Frente a ellos La Bestia, una entidad difícil de definir pero tan peligrosa y omnipotente con un dios cruel y avaricioso.
Lo más importante es posiblemente lo bien que está contada la historia. Un defecto habitual en muchas obras de género es elevar la complejidad muchas veces hasta límites de difícil comprensión. Lo que propone Harper no es sencillo pero está narrado con una claridad que nos facilita la lectura; también la información se proporciona de forma honesta y no existen trampas. Además, el manejo de la tensión es totalmente equilibrado para que no podamos salirnos de la historia en ningún momento.
Los personajes están perfectamente trazados, en este sentido, la pareja protagonista es modélica, tanto en su particular sentido de la justicia como en la asunción de sus pecados. Y el final, que podría parecer apresurado, es posiblemente el único lugar al que se podía llegar.
Las novelas negras no deben de ser perfectas sino viscerales, y Harper lo cumple a la perfección. Quizás todavía sea pronto para emparentarlo, como se está haciendo, con grandes como Cain, Ellroy, Chandler.... pero en cualquier caso, lo que nos entrega aquí es un ejemplo apasionante de como retratar las partes más oscuras del mundo en que vivimos.
Público

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