Colección El Mundo de Las mejores novelas en castellano del Siglo XX
Seix Barral
200 páginas
Disponible en Ebook
Leí por primera vez a Muñoz Molina en El jinete polaco, una novela de la que guardo un magnífico recuerdo. De sus siguientes obras hubo algunas que me gustaron mucho. Sabía que había otras anteriores, especialmente Beltenebros ( de la que vi la magnífica propuesta cinematográfica de Pilar Miró ) y esta. Su lectura forma pues parte de esa deuda que poco a poco voy saldando con mi ecléctica lista de pendientes.
Comencemos diciendo que El invierno de Lisboa se escribe desde la memoria, desde los recuerdos del protagonista, Santiago Biralbo, contados a un buen amigo con el que se reencuentra tras varios años de ausencia, y la narración que este último hace completando su escasa presencia en la historia con estas largas conversaciones. No es algo que no hayamos conocido otras veces, pero lo cierto es que en este caso, todas las páginas están impregnadas de esa distancia que evoca la palabra memoria. Porque podemos decir ya que es esta una novela de sensaciones.
Los materiales y el argumento surgen del catálogo del género negro, aderezado por la música de jazz: hay hombres perdidos y mujeres fatales, hay algún muerto, una historia de amor tan desesperada como imposible, noches de lluvia, mucho tabaco y mucho alcohol y por supuesto habitaciones de hotel, luces de neón que brillan en la noche y trenes casi vacíos. Uno de los valores de Muñoz Molina es que casi dibuja la novela, por supuesto en blanco y negro, porque es imposible leerla sin pensar en los clásicos del cine negro americano.
Dentro de esta vena pictórica y sensitiva, tengo la sensación de que el autor construye la trama a base de escenas, algunas perfectamente reconocible y todas muy bien creadas. Para desarrollar el conjunto, las envuelve en un magma evocador y nebuloso. Eso hace que quizás entre esos puntos, el desarrollo argumental no tenga siempre nitidez y las casualidades o alguna incongruencia deba sostenerse en la sensación global de estar casi dentro de un sueño.
Con El invierno en Lisboa, recordé la sensación que tuve cuando, después de conocer muchas de las grandes novelas de Javier Marías, leí Los dominios del lobo. Está el narrador que será, en el caso de Muñoz Molina, el gran contador de historias, se anuncia, y lo hace con una buena obra, sin duda singular.
Público

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