CINE CLÁSICO: SONATA DE OTOÑO de Ingman Bergman

 

Alemania (RFA ) 1978

Ingrid Bergman. Liv Ullman. Lena Nyman. Halvar Bjork

Cada vez que vuelvo a Bergman, en concreto a sus dramas claustrofóbicos, siento un encontronazo extraño: primero me fascina esa elegancia serena con la que comienzan sus obras, esa gramática libre que a menudo nos guía por el inicio de la historia de la mano de un personaje o por otro medio igual de sencillo. Y, en muchas ocasiones, pronto me encuentro molesto en la teatralidad de su propuesta que, analizada pieza a pieza, nos enfrenta a cuadros difícilmente encajables en el lógico devenir de una relación. Esa profundidad en las conversaciones, la forma en que aflora el dolor del alma.... 

Sin embargo, con ese material y su inteligencia cinematográfica, el maestro compone obras que trascienden cualquier objetivo que no sea el de desnudar al ser humano para mostrarnos de forma transparente su confusión y su miedo.

Creo que Sonata de Otoño es un retrato del odio como sentimiento complejo, ese que surge donde debería de haber amor y que nos somete por lo tanto al desafío de la responsabilidad y la culpa, aceptando que posiblemente lo estemos eligiendo voluntariamente como lugar de descanso. Ese odio que abriga porque no nos obliga a salir al exterior sino que nos permite escondernos en el refugio aparente de la compasión. Y todo ello, pudriendo lo que se encuentra a su alrededor. Bergman nos dibuja un escenario donde ha estado la muerte y persiste la enfermedad, y nos describe como los sentimientos defectuosos hacen que su significado bascule entre la generosidad y el repudio. Y, por supuesto, también comparte con nosotros la inconstancia del ser humano que lo hará saltar entre el infierno y la indiferencia sin solución de continuidad. 

Madre e hija. La familia como núcleo de la sociedad, como lugar donde vivimos sin protecciones y donde las heridas son más profundas.

Difícil no sentir rechazo y no quedarse atrapado. Tan complejo todo, tanto material para pensar. Y, sobre todo en este caso, con dos interpretaciones absolutamente inolvidables. Ullman era alguien de la tribu, pero el encuentro entre ambos Bergman ha dejado un personaje hecho de carne y contado con un realismo que parece que sólo puede ser verdad.

Hace unos años, me decidí por hacer una excursión al cine de Bergman, no sé porqué. Entonces vi películas que me parecieron magníficas como Persona, El manantial de la doncella, El séptimo sello, Un verano con Mónica .... pero dudo que fuese capaz de descubrir el alma del creador que estaba detrás. Posiblemente haya llegado el tiempo de la revisión. También tal vez de leer su autobiografía, La linterna mágica. Hay momentos en la vida en que alcanzamos la serenidad suficiente para admirar a los verdaderos sabios, para mi, aquellos que dudan. Es una de las cosas que tiene de bueno hacerse mayor.

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