España 2025
Antonio Fernández Gabarre. Jesús Fernández Silva. Mila Toribio. Cacá Macedo. Bilal Sedraoui. Luis Bértolo. Deborah Vargas Teodosio
Emparejaría esta película a Extraño rio, con la que en principio no tiene mucho que ver. Posiblemente porque ambas han conseguido sorprenderme y fascinarme siendo óperas primas. Las dos son ejercicios narrativos muy elaborados, libres, singulares y con un gran nivel de riesgo. Tanto Galoe como Galet Muxart nos llevan a esperar con ganas sus siguientes propuestas, expectantes por saber con que se atreverán a continuación.
Creo que alguna vez, comentando cine documental, he reflexionado sobre la dificultad de determinar lo que era puramente realidad de lo que estaba contaminado por la ficción. Este caso es completamente inverso: sobre el papel, es una historia de ficción, pero los materiales que Guillermo Galoe utiliza son reales.
La acción se sitúa en la Cañada Real, un asentamiento irregular del que todos hemos oído hablar por la falta de electricidad que convierte las noches en tiempos oscuros alrededor de las hogueras. Han comenzado los desalojos y algunos se encuentran en la disyuntiva de aceptar un piso de protección oficial y cambiar radicalmente de vida o seguir allí hasta que no sea posible. El muchacho protagonista, aprendiz de chatarrero con su abuelo, se verá enfrentado a la madurez en medio de ese mundo cruel y confuso, de este microcosmos donde muchas cosas son aun difíciles de entender.
El director retrata el escenario en toda su crueldad, especialmente en lo que se refiere a la droga y a la vida de esos niños que existen sin protección alrededor de esa miseria en una felicidad irresponsable e incomprensible, siempre al borde del precipicio. Al mismo tiempo, para desarrollar la historia, utiliza ( y muy bien ) códigos propios del western y crea personajes con modelos icónicos del género. Sin embargo, mantiene ese tono documental que hace que la historia renuncie a aspectos que narrativamente serían seguramente mucho más eficaces pero más convencionales.
Además, Galoe asume un desafío estético lleno de libertad, y juega con colores imposibles consiguiendo increíbles combinaciones al tiempo que crea escenas nocturnas brillantes e imágenes que rozan una especie de poesía mitológica.
El resultado es difícil de definir, no de disfrutar. Ciudad sin sueño es totalmente diferente, quizás sólo puedo emparentarla con alguna película de Isaki Lacuesta, el referente no puede ser mejor. Y espero que, a partir de ahora, este joven creador no pierda ni su capacidad de riesgo ni su voluntad creativa, porque nos dará grandes cosas en una pantalla.
Público

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