TEATRO: EL JARDÏN DE LOS CEREZOS de Anton Chejov

 


Director.-

Juan Carlos Pérez de la Fuente

Intérpretes.-

Carmen Conesa. Chema León. Marta Poveda. Juanma Cifuentes. Helena Ezquerro. Manuel Macía. Borja Maestre. Cristina Marcos. Markos Marín. Noelia Marló. Chema de Miguel. José Goncalo Pais. Jesús Torres. 

Siempre es bueno volver a los clásicos.

Y yo a Chejov he vuelto cada vez que he tenido la oportunidad, con la lectura de sus cuentos y la revisión de sus piezas teatrales.

El jardín de los cerezos es una de las grandes. En ella Liuva Andreyevna  regresa a su finca en Rusia después de dilapidar su fortuna en París. Ella, sus dos hijas y su hermano, tendrán que enfrentarse a la inutilidad de su vida frente a una realidad que les ha devorado. Ahora será necesario asumir la venta de la casa familiar y el precioso jardín que la rodea. También aquellos que llevan sirviéndoles toda su vida, tendrán que afrontar que todo se derrumbe a su alrededor.

No es la primera vez que veo representada esta obra, y no recordaba que fuese tan transparente a la hora de mostrar el cambio al que la sociedad rusa tuvo que responder y que culminó en la revolución de 1917, tampoco recordaba que cada personaje tuviese una posición tan bien definida. Supongo que tendrá mucho que ver en su claridad narrativa, un muy buen trabajo en la versión.

Juan Carlos Pérez de la Fuente, de nuevo se afronta a los clásicos con un respeto absoluto. Creo que, desde La Señorita de Trévelez, ha conseguido quitarse de encima cierto tono añejo propio de los olvidados Estudio 1, ofreciendo una vez más una propuesta que es capaz de aunar lo arqueológico con la lectura histórica. Por un lado universaliza el mensaje pero sin cometer el error de jugar a actualizarlo, por otro, ofrece el texto integro, se regodea en él y nos invita a que nos tomemos con calma su disfrute para poder apreciar toda su sabiduría. Con esto, el espectáculo dura más de dos horas y cuarto, sin bajar el tono en ningún momento ni elevarlo por encima de la serenidad.

Además, maneja muy bien la perspectiva del escenario y sus posibilidades, la integración del patio de butacas y nos propone una representación bella, fastuosa en vestuario y evanescente en escenografía y sonido, con elementos que nunca dejan de recordarnos que la reposición de este Chejov es un viaje a un pasado que hace mucho tiempo dejo de existir.

La interpretación es homogénea, correcta, donde destaca un Lopajín alejado de la brutalidad con la que otras veces se le representa, lo que da un significado más depurado y eficaz a su intervención. Por poner alguna pega, quizás puede faltar cierta emoción, alejada por la estética y la distancia, y además me hubiese gustado ver como el jardín rodea, encierra y unifica la vida de sus habitantes ( hay unas proyecciones en los laterales de la sala que apenas se ven ).

Este jardín de los cerezos es una propuesta sólida para asomarse y disfrutar de uno de los dramaturgos más comprometidos con el retrato del alma humana y la sociedad en la que le tocó vivir. La programación del Teatro Fernán Gómez apuesta por el buen teatro y este es un magnífico ejemplo. Y sí, aunque estemos en la Rusia de hace más de un siglo, no me costó encontrar referencias que nos demuestran que el ser humano, siempre tendrá sus dudas, su dolor y su desesperanza, siempre tendrá que vivir con un porcentaje de incertidumbre, aunque por supuesto, también quedará espacio para la felicidad.

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