Varias editoriales
300 páginas
Disponible en ebook
Ya lo he dicho alguna vez: soy totalmente responsable de, durante mi adolescencia, haber prescindido mayoritariamente de autores españoles, a los que he tardado mucho en descubrir. Lo comentaba no hace mucho en relación con Elena Quiroga. Ahora, tras terminar esta novela, tengo que decir que me he encontrado con una obra que debe de ocupar un puesto de honor en la historia de la literatura.
El texto se sitúa en Barcelona, en una postguerra que, en los barrios más maltratados, era sinónimo de pobreza y, desde esa vida llevada al límite, de la miseria moral que sólo se abrazaba a los pecados capitales: la envidia, la avaricia, la lujuria....
En ese escenario, un grupo de chicos escapan de su oscura realidad a través de historias que se cuentan, en ocasiones ciertas, en ocasiones no, y en la mayoría de las ocasiones, sin saber si es lo uno o lo otro. Niños que crecerán rodeados de familias de perdedores y secretos escondidos, una visión religiosa oscura y la constante bofetada de la injusticia en una sociedad de canibalismo entre las clases sociales. Entre ellos, Java, nieto de una trapera, líder del grupo, recorrerá el largo camino desde la pobreza a la prostitución moral y física como una forma de buscar una vida mejor.
La tragedia cubre treinta años, a veces desde el pasado y a veces hacia el futuro y, alrededor de la vida de estos muchachos, habitan estas páginas prostitutas con sórdidas historias a sus espaldas, revolucionarios aprendices de terroristas y perseguidos escondidos, falangistas ascendidos por su crueldad y su rencor y comprometidos con mantener su posición, amargados aristócratas y trepas sin escrúpulos.
Marsé desarrolla una prosa densa y de una riqueza selvática, brutal. Ofrece una obra donde la narración salta entre tramas, tiempos y voces, pero caminando siempre en ofrecernos datos que van limpiando de capas la complejidad de la historia. Tengo que decir que es el autor que más me ha recordado al mejor Faulkner e, igual que el escritor americano, leerlo es dejarse llevar con un nivel de atención necesaria para percibir sensaciones que nos llegan como si nos encontrásemos ante un magnífico cuadro llego de colores y texturas.
Como decía al principio, me he encontrado con una novela magnífica, en su contenido, la sinceridad y la valentía con la que se hace crónica de esos tiempos, y también en la forma de escribir, con un dominio absoluto de la prosa, convirtiendo las palabras en arcilla con la que construir este apasionante monumento a la literatura.
Más vale tarde....
Público

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