Alfaguara
250 páginas
Disponible en ebook
Leí El buda de los suburbios cuando se publicó, en 1990. Me pareció un libro sorprendente en su brillante irreverencia. Seguí desde ahí todas las novelas de su autor.
Creo que hay pocos autores que se transparenten tanto en sus libros como Kureishi. Desde el adolescente paki buscando su lugar en un mundo que quiere devorar a pedazos, creció hasta convertirse en un hombre más o menos acomodado y conviviendo con sus propias contradicciones políticas y terminó llegando al desengaño y la asunción del deterioro del tiempo en la última hasta ahora, la triste Nada de nada.
Como consecuencia, tengo la absurda sensación de conocerlo y de que hemos crecido juntos. Por ello, me afecto su accidente y era impensable no leer A pedazos.
El libro, narra, a pedazos, el primer año del escritor desde el suceso que cambió su vida para siempre, su paso por cuatro hospitales, el regreso a su casa de Londres, la dependencia de sus enfermeros y familiares, las diferentes terapias... Pero, sobre todo, nos habla de su frustración, su miedo al horizonte, la aceptación de la humillación. Lo hace con total sinceridad, y lo cruza con recuerdos, reflexiones y, opinión personal, pequeños atisbos de ficción que gotean en un encantador absurdo. En definitiva, creo que el libro es una crónica del tiempo suspendido, esa tierra de nadie en la que te puede colocar la vida inesperadamente, y lo hace, creo, desde la necesidad de continuar agarrándose a aquello que era esencial en su existencia anterior: la escritura.
A pedazos es un testimonio valioso de alguien que tiene mucho que contarnos. Sólo me queda agradecérselo y esperar que sea esta una etapa intermedia y que volvamos a tener la suerte de contar de nuevo con una entrega de esa literatura tan valiosa y comprometida que siempre ha cultivado Hanif Kureishi.
Público

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