USA 2025
Ben Whisaw. Rebecca Hall
En 1974, la escritora Linda Rosenkrantz comenzó un interesante proyecto. Se reuniría uno a uno con parte de sus amigos artistas y grabaría la descripción que le hiciesen de su día previo. Con la colección de confesiones podría escribir un libro sobre la vida cotidiana de aquellos a los que se consideraba genios. Comenzó con el fotógrafo Peter Hujar. Finalmente el proyecto no se llevó a cabo, pero recuperada esta primera conversación, la escritora y el director de cine Ira Sachs decidieron convertirla en cine.
Esta, en apariencia humilde película ( una hora y cuarto, sólo dos personajes y un escenario, banal supuestamente), se ha convertido para mi en una de las propuestas más ricas y fascinantes de esta temporada.
Vayamos por partes, porque son varias las lecciones que Sachs y Rosenkrantz nos ofrecen:
La primera habla del arte de la conversación. Nos invitan a valorar el mero hecho de intercambiar información y experiencias entre dos personas. Como la precisión detallada en datos y acontecimientos puede convertirse en una fuente de información subjetiva que se va colando entre las palabras, también la capacidad multiplicadora de la virtud de contar que pronto se suelta de sus amarras previamente determinadas para viajar entre pasado y futuro, dejando que lo abstracto emane de lo concreto. En definitiva, convertir una conversación en algo incompleto, inasible e imprevisible y una de las acciones más libres del ser humano.
La segunda lección, que cualquier cosa, cuando hay talento detrás, es susceptible de ser filmado. Sachs evita la tiranía del plano único que habría sido lo fácil, para conformar pequeñas escenas, interrumpidas por chinchetas estéticas, bien a base de música e imágenes, bien introduciendo el artificio del propio rodaje. En el centro, dos personajes, uno que escucha siempre presente, una Rebecca Hall tan perfecta como humilde, otro el que habla, un Ben Whisaw que permite que a través de sus palabras, sus gestos y su mirada, se descubra el interior de un personaje tan infantil y aparentemente frívolo como errante y desconcertado.
Y al fondo, la textura del paso del tiempo y de lo que comienza y termina, sintiendo en su final, sin saber porqué, una tristeza elegiaca.
Si escuchamos, descubriremos asomos de muchas cosas. La prosaica necesidad económica que puede haber detrás de cada genio, la inquietud que todos podemos sentir al tener que afrontar nuestra propia banalidad, la angustia ante el paso del tiempo dentro de lo cotidiano minuto a minuto..... y mucho más.
Lo dicho, Un día con Peter Hujar es una pequeña y delicada rareza, una obra arriesgada y transparente llena de pliegues y de talento. Un película que, en definitiva, me ha enamorado absolutamente. Como algo tan pequeño, puede tener tanto en su interior.
Público

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