Francia 2025
Clara Pacini. Marion Cotillard. Gaspar Noe. August Diehl. Aurelia Petit. Dounia Sichov. Marine Gesbert. Jana Bittnerova. Lila Rose Gilberti. Wilhelm Bonnelle.
Hay cuentos, en apariencia infantiles, que nunca entendí que lo fuesen. Me ocurría con Piel de asno (en el que se utiliza nada menos que el incesto) y con La Reina de las Nieves. En esta última, la monarca es una secuestradora de niños con una relación casi vampírica. De hecho recuerdo que Carmen Martín Gaite utilizó este material como referencia en una preciosa novela con ese título en la que relataba una relación malsana de dependencia, si no memoria no me falla, de madre e hijastro
Aun así no podemos negar que la historia es preciosa.
Hadzihalilovic (menudo apellido), parece pensar lo mismo que yo, y así afronta su versión de esta narración con dos tonos: por un lado, el del cuento pretendidamente infantil, y por otro, el de una especie de thriller psicológico oscuro, en algunos momentos cercano al terror.
Todo comienza con Jeanne, la niña protagonista (ya no tan niña) abandonando una casa de acogida, tras leerle a otra pupila mucho más pequeña, algunas páginas de este cuento de invierno. Tras perderse en la ciudad, terminará escogiendo para dormir un local que cree abandonado, pero que es un plató donde se está rodando nada menos que una película inspirada en el relato de Andersen.
A partir de ahí, establecerá una relación de dependencia con la diva protagonista. Esta, igual que el personaje de ficción, rezuma un dolor que intenta trasladar a aquellos que la rodean. Para Jeanne será un difícil camino de descubrimiento.
Lo que convierte esta película en algo singular, es el perfecto maridaje entre los dos tonos que antes citaba. Apoyado en una banda sonora que unas veces nos recuerda a las canciones infantiles y otras nos sitúa en el lugar donde nos espera el miedo a lo desconocido, la caligrafía es totalmente hipnótica, siempre entre la oscuridad y la media distancia, jugando con ligeros simbolismos e incluso utilizando los sueños. Además, Hadzihalolovic se atreve con un ritmo que podría resultar extenuante si no estuviésemos totalmente inmersos, totalmente entregados, aunque no sepamos verdaderamente en que.
El resultado es una experiencia totalmente diferente, una película que parece no querer ser cine pero que se construye con la belleza aparentemente no buscada de las imágenes. Creo que hay mucho dentro, mucho más que versionar un clásico, seguramente pensaré en ella estos días. Porqué sí, otra cosa que tengo claro es que La Torre de Hielo no es de las películas que se olvidan fácilmente.
A veces el cine aun nos sorprende. Muchas veces, la verdad. Y eso es lo que más me gusta.
Público

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