NOVELA: ME LLEVARÉ EL FUEGO de Leila Slimani

 

Cabaret Voltaire

530 páginas

Disponible en ebook

No vuelvas. Esa era la recomendación que, en Cinema Paraíso, le hacía el proyeccionista a su joven pupilo, y era el consejo que, como cita rememorada, recibía también Nina, en la interpretación de La Gaviota escrita por José Ramón Fernández. No vuelvas, le aconseja también el padre de Mia en esta novela de Slimani. En los tres casos la petición esta exenta de un carácter físico, para ellos no vuelvas quiere decir aléjate de tus raíces, construye tu propia historia. Y además, algo que, seguro, sería aplicable a los tres y que la novelista marroquí convierte en título, llévate el fuego.

Probablemente, en los casos citados, se centran en entornos aparentemente claustrofóbicos de los que sea necesario huir, pero creo que el mensaje es universal, hay que caminar hacia adelante, sin lastres, sin piedras en la mochila.

De hecho, Slimani no es excesivamente crítica con el régimen marroquí, más allá de la descripción objetiva de la desigualdad y la corrupción, aspectos en mayor o menor medida identificables con muchas otras sociedades, como, por otro lado, tampoco magnífica el racismo que se percibe en los países de acogida. Sí señala un diferencia, en un punto que considero especialmente importante, y es cuando varios inmigrantes establecen su diferencia con los nativos, considerando que son ellos los verdaderos cosmopolitas.

Pero vayamos al núcleo de la narración. Si bien parece que el protagonismo de Me llevaré el fuego debería de estar en Mia, su aparente autora, el libro es plural en cuanto a sus personajes, retratando a varios miembros de la familia y ofreciendo así un amplio mosaico de tipos y costumbres y de las relaciones entre ellos. También aquí hay una reflexión para apuntar, la del misterio que siempre subyace en el fondo de cualquier ser humano, al que nunca se llega a conocer por completo, la necesidad de asumir puntos ciegos.

La escritora les regala a sus familiares cariño y ternura. No hay ningún rencor ni culpa. No tiene que ajustar cuentas. Ese no es su objetivo. Tampoco el homenaje. Sólo hay sinceridad.

Me gusta mucho como escribe Slimani. Su prosa es precisa y adornada, cuenta y describe con la misma fluidez, pero además, pocas veces, ante una narración que se enclava de forma tan clara en la Historia, he encontrado una fusión tan equilibrada entre lo público y lo íntimo.

Y  ahora, la noticia de la que me enteré cuando ya llevaba avanzada más de la mitad de la novela: este libro es el último de una trilogía. Gracias a Dios, las piezas pueden leerse de forma independiente aunque, obviamente, la tercera nos da información sobre el fin de las anteriores.... Bien, saquemos lo bueno de la torpeza: después de lo que me ha gustado esta, no me queda más que buscar las otras dos y leerlas, esta vez con cierto orden.

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