Alfaguara
225 páginas
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Me va a costar escribir esta entrada porque me gustaría que este libro me hubiese gustado más, y creo que, posiblemente, mi relación con su autor tiene el problema de la decepción. No es su problema que me enamorase de El olvido que seremos, siendo una narración que me hizo soñar con como me recordarían mis hijas cuando ya no estuviese. Tampoco es su culpa el que yo esperase recibir las mismas sensaciones del resto de sus libros.
No fue así. La Oculta y Salvo mi corazón todo está bien, eran dos propuestas muy personales, que no conseguían interesarme narrativamente y que parecían tener una carga importante de ideario del autor, quizás, para mi gusto, un poco imbuida de lugares comunes y buenismo.
Hace un año, Hector Abad acudió a Ucrania con motivo literario y acompañando un proyecto de militancia frente a la invasión rusa. Allí compartió viaje con la autora local Victoria Amelina ( ver Un hogar para Dom ). Inesperadamente sufrirían un atentado en el que, entre los fallecidos se encontraba la escritora.
Con este libro, nuestro autor decide narrar esos días. Lo hace. Y.... sé que no soy justo, pero a mi me parece un rechazo absoluto.
Una vez más, el libro me falla narrativamente. Todo está contado con cierto desorden y, más allá de la reflexión, no consigue generar tensión en lo que cuenta. La presencia del autor es absolutamente protagónica, relegando a sus compañeros y la elegía a niveles mucho menores. Y además, apunta muchas cosas que podría ser sin ser ninguna: una reflexión sobre la fragilidad de la vida, la importancia de lo imprevisible, la valentía y la cobardía, el duelo.... tampoco a nivel de análisis sociopolítico me parece interesante.
Una vez más, me parece un libro con todas las características para ser grande, y, una vez más, me decepciona. Lo siento. Primero porque me gustan los libros grandes, y luego porque siempre recordaré la emoción que me produjo la lectura de El olvido que seremos.
Público

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