Irlanda 2024
Cillian Murphy. Eileen Walsh. Emily Watson. Michelle Fairley. Peter Claffey. Mark McKenna
Recuerdo mi horror cuando vi Las hermanas de la Magdalena, una película en la que Peter Mullan contaba el infierno que los conventos de esa orden en Irlanda fueron para todas aquellas niñas ingresadas allí por conductas aparentemente inmorales ( en la mayoría de los casos, quedarse embarazadas estando solteras ).
Luego vinieron otras, también películas o series. Lo más sorprendente ( y escalofriante ) era pensar que aquello estuvo sucediendo hasta hace apenas unas décadas. Yo pasé en ese país veranos desde 1974 a 1980 más o menos. Aquellas personas con las que conviví entonces, incluso profesores, podían ser conocedores de estas circunstancias o no serlo por elección propia.
Lo que más valoro de como se afrontan esos sucesos en Small things like these, es que, frente a propuestas más grandilocuentes y centradas en lo maniqueo, Meliants opta por mirar hacia el interior de las personas que forman la pequeña comunidad de New Ross, todos conscientes y todos temerosos de las consecuencias de actuar. No existen sólo unos culpables. Pero además, opta por convertir la narración en una historia pequeña, casi un cuento triste de navidad.
Bill Furlong es un buen hombre, un carbonero con cinco hijas y un matrimonio estable, trabajador entregado y honesto, su existencia tiene cierta solidez en un entorno de miseria moral y económica, pero no por eso, deja de ser frágil. Cuenta en su pasado con una infancia lastrada por ser hijo de una madre soltera, aunque saliera adelante gracias a la caridad. Tal vez acordarse del niño que fue, le hace ser especialmente sensible con los pequeños. Probablemente fuese tan consciente como los demás de que algo ocurría en aquellos lugares, pero el hecho de encontrarse ante a una situación dolorosa, le obligará a afrontar su propio silencio.
El director nos cuenta esta historia desde la omnipresencia del protagonista, un estupendo Cillian Murphy. Lo hace en un paisaje oscuro, frío y lluvioso, en el que los contornos están marcados por las sombras y, cuando es necesario, el tono general de melancolía, se acompaña de una música que parece cogernos de la mano.
Lo triste a veces tiene una extraña belleza. Este es uno de esos casos.
Por lo demás, hay historias que hay que contar, quizás muchas veces, porque las víctimas merecen poder mirar en algún lugar para saber que se reconoce lo ocurrido, pero no siempre es fácil no simplificar y atrevernos a ampliar esa mirada, no para acusar sino para perdonar. Esta película hermosa, da ese paso.
Público

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