UK 2025
Jessie Buckley. Paul Mescal. Noah Jupe. Joe Alwyn. Emily Watson. Jacobi Jupe. Olivia Lynes. David Wilmot. Louisa Harland. Justine Mitchell. Freya Hannan Mills.
Creo que lo mejor cuando vemos una película basada en un
libro que conocemos, es hacerlo con cierta distancia. Si lo tenemos demasiado
reciente, nos convertiremos en un tipo de público que se dedica a buscar la
comparación entre como ha imaginado personalmente lo leído y como aparece en
pantalla.
Mi situación con Hamnet es esa. Leí el libro cuando se
publicó y lo recuerdo vagamente a grandes rasgos, sé centrar a los personajes
pero he perdido los detalles.
Recuerdo, eso sí, que la verdadera protagonista es Agnes, la
esposa de William Shakespeare que, a pesar del éxito de su marido como el
dramaturgo más importante de Inglaterra, nunca abandonó Stratford para irse con
él a Londres.
Maggie O’Farrell, construía a partir de ella un personaje
fascinante, vinculada a la naturaleza y a la sabiduría, cargada de silencios,
que pasa de mujer a mujer a través de generaciones. Con ella y su esposo,
escribe una preciosa historia de amor que sólo se convertirá en piedra por el
inconmensurable dolor que produce la pérdida de un hijo. Pero también la piedra
puede llegar a derretirse aunque para ello haga falta nada más y nada menos que
un nombre.
Lo primero que percibo en la película es un magnífico
trabajo de guion, una construcción minuciosa y detallista que encamina la narrativa a la
perfección, con serenidad y lentitud, con contención. Y a partir de su trabajo
de escritura, Zhao la convierte en imágenes haciéndola totalmente suya. Hamnet
está cerca de la calma que también nos pedían Nomadland y The Rider ( tengo que decir que, de esta directora me gusta, hasta Eternals, mucho ), y también
como entonces, deja que la historia se construya poco a poco, sin nada
impostado ni una brizna de manipulación, algo que con este material sería
muy fácil.
Se consigue algo tan difícil como materializar en una pantalla el amor, alejado de lo conocido y centrado en el descubrimiento del otro. También el dolor, con todas las etapas del duelo, desde la aceptación de que la vida nunca será como antes. Y sobre todo, deja una lección tan importante como que el arte y la literatura, pueden cambiar la vida, por lo que no debemos de dejarla al margen de la misma.
Para poner en pie a los protagonistas, la directora elige con acierto. Jessey Buckley está precisa, meticulosa, humana. Desde su inteligencia en el bosque a su ingenua sorpresa en el teatro, su interpretación es tan fascinante, que tiendo a dejar a Paul Mescal al margen, hasta que nos regala ese último plano con el que concentra todo el dolor de una derrota y que me rompe el alma, entonces soy consciente de que siempre había estado ahí y era parte del andamiaje de la historia.
Y llegamos al final. Y no sé que decir, más allá de que es
un final que concentra toda la emoción que hasta entonces había discurrido de
forma soterrada, y que me atrapa y no quiero que termine. Y que, en ese
momento, adoro a estos personajes, comparto su dolor, quiero que se amen para
siempre.
Cuanta belleza puede caber en una escena, en una historia, en una película.

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