España 2025
Julio Peña. Miguel Rellán. Alessandro Borghi. Fernando Tjero. Cesar Saracho. José Manuel Poga. Luis Callejo. Albert Salazar. Roberto Álamo. Julián Paschal. Jorge Assin
Mi relación con Amenabar ha quedado en los últimos años alejada de la admiración general. Sí, creo que sus dos primeras películas, Tesis y Abre los ojos, son fascinantes, y Los otros, un buen cuento gótico inspirado en la textura de Henry James, pero, aunque suene herético, me gusta muy poco Mar Adentro, y ni Agora, ni Regresión me ofrecieron mucho más. Creo sin embargo que La Fortuna es una muy disfrutable serie de aventuras y Mientras dure la guerra, una excelente crónica histórica. La verdad es que me sorprendió en su día que alguien tan certero en la tensión meticulosa e imaginativa, se decantase por las superproducciones pero tiene todo el derecho del mundo a hacer el cine que quiera.
El cautivo adolece de muchas cosas. No es la menor el hecho de utilizar a un personaje tan relevante como Miguel de Cervantes y banalizarlo como un adolescente que apenas recorre un arco mínimamente interesante en el desarrollo de la trama. Tampoco, el desequilibrio sobre las líneas narrativas, en las que la pretendida huida apenas ocupa lo anecdótico. Ni el hecho de que la atracción entre el protagonista y su captor, adolezca de cualquier muestra de pasión o turbiedad.
Hay un conjunto de secundarios bien interpretados pero cuyos comportamientos responden más a las necesidades del guionista que al desarrollo de sus personalidades. También hay momentos en que asoma un interesante cruce entra la realidad y las narraciones del futuro novelista, pero se pierden pronto en un montaje bastante deslavazado. Tampoco el tema de la religión, que podría generar debate entre la conversión por necesidad o la fe ciega, se queda en más que un apunte.
En definitiva, no hay nada o hay muy poco en El cautivo, que ni siquiera creo que desde el punto de vista ideológico cumpla un papel. Lo peor que se puede decir es que es una nadería que ni molesta.
Espero que algún día Amenabar vuelva a sus orígenes, cuando algunos de esos periodistas facilones tan dispuestos a comparar hablaban de él como el joven Hitchcock o el nuevo Orson Welles. Obviamente ahora está lejos de aquello.
Público

Comentarios