Espasa
800 páginas
Disponible en ebook.
No sé porqué dejé de leer a Juan Manuel de Prada, la verdad. Me fascinó Las máscaras del héroe y, a partir de ahí, algunas de sus siguientes novelas ( incluso La Tempestad casi superaba la maldición del Premio Planeta ), el caso es que hacía tiempo que no nos veíamos y sólo una buena recomendación me animó ante lo titánico de Mil ojos esconde la noche, una obra de más de 1500 páginas dividida en dos entregas.
El empeño es retratar el basto paisaje habitado del París en el periodo de entreguerras, cuatro años en que conocer a los artistas españoles, que aparentemente huidos de la dictadura, malvivían en la capital francesa. Como columna vertebral de la narración, un personaje al que ya conocemos de Las máscaras..., Fernando Navales, será encargado por las fuerzas oscuras, para que consiga que, esos intelectuales venerados, accedan a apoyar al régimen.
A partir de esa idea, Prada compone una novela coral repleta de monstruos que orbitan a mayor o menor distancia del poder pero nunca a la altura de sus deseos. Hay retratos, anécdotas, descripciones, pequeñas tramas.... todo es un compendio desbordado, saturado de imágenes y palabras, que atrapa de una manera gozosa y autoconsciente.
Pero lo verdaderamente increíble del autor no es lo que cuenta sino como lo cuenta, su prosa. Prada ya había demostrado de que era capaz, pero en esta ocasión, multiplica su capacidad de convertir la literatura en algo plástico. Crear metáforas increíbles, frases arquitectónicas, implantar nuevas acepciones al significado de algunas palabras, su capacidad creativa con la materia literaria es increíble. Estamos en manos del heredero de la mejor escritura en castellano, la más esperpéntica y arriesgada, la de Valle Inclán, Quevedo, Galdós....
La experiencia es magnífica, pastosa, lúcida. Con el sabor añejo de un clásico y la modernidad de atreverse a volver. Quizás el segundo año de este tomo me guste un poco menos que el primero y tal vez en algún momento, mínimo, haya algún pequeño desequilibrio entre la importancia de la forma y el fondo.
En cualquier caso, el resultado es único. Un libro importante. Una obra que, sí, me lleva a preguntarme de nuevo porqué dejé de leer a Prada, y me emplaza a superar este error con la segunda parte de Mil ojos esconde la noche.
Público

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